‘Siempre pensando en TEBEOS’, cuando menos es INFINITAMENTE más

Atendiendo sólo a cualquiera de sus dos portadas —sí, dos, es lo que tiene el formato acordeón en el que está publicado— es fácil apercibirse, aunque sea de manera soslayada, de lo que vamos a encontrarnos en las 14 páginas que conforman ‘Siempre pensando en TEBEOS’, el sentido homenaje que Alex Fito ha compuesto con ocasión del centenario del nacimiento de la revista ‘TBO’ y que, no podía ser de otra forma, ha encontrado acomodo en la ecléctica oferta editorial de la siempre sorprendente Dib-buks: con siete filas y seis columnas de personajes en cada una de ellas, todos monigotes, por cierto, uno puede apreciar antes de abrir el acordeón por cualquiera de sus lados que cuando Fito dice “homenaje al cómic” se refiere a rendir pleitesía a todas las formas posibles que el noveno arte ha adquirido durante esta última centuria. De locos, lo sé, pero a fe mía que se queda muy, pero que muy cerca de conseguir que en lo reducido del espacio impreso del que ha decidido disponer estén plasmados cientos de los iconos más reconocibles de los cuatro puntos cardinales del arte secuencial.

Considerando que aquí no se narra ninguna historia y que no hay un final sorprendente que arruinar, creo que no incurrimos en los temidos destripes si en adelante dedicamos los esfuerzos de esta entrada a dar una idea muy concreta de lo que el que así lo quiera, va a encontrarse en ‘Siempre pensando en TEBEOS’. Avisados quedáis los que prefiráis adentraros vírgenes en este fascinante cosmos que el artista español ha sabido cuajar de una manera que sólo puede ser calificada como GENIAL.

De un lado, los rostros en perfil de Spirou, Corto Maltés, Mafalda, y Batman y un “integral frontal” de Galactus; del otro, los perfiles de Mazinger y Peter Pank, el retrato frontal de uno de los ratones de Maus, el de cuerpo entero del Dios Alan Moore y un edificio muy familiar para aquellos que alguna vez se hallan pasado por la calle Percebe de Ibáñez. Trazados de forma esquemática, tan icónicos nombres del mundo del tebeo son utilizados por Alex Fito como edificios contenedores de las muy diversas ramas del arte secuencial a las que representan, a saber: la BD francobelga, el Fumetto italiano, el cómic hispanoamericano, el de superhéroes de la DC o Marvel, el manga, el español alternativo, el independiente —así, sin fronteras, que aquí hay cabida desde Yellow Kid hasta Thomas Ott—, y el español “de toda la vida” de aventuras y humor.

¿Y qué contienen estos singulares edificios? Monigotes. Muchos monigotes que plantean un auténtico juego con el lector, el de adivinar quiénes son todos y cada uno de ellos sin echar mano de la ayuda que supone el que Fito haya revelado en su web —si la curiosidad os mata, seguid este enlace para averiguar quién es quién—. Os puedo asegurar que da igual las veces que os asoméis a cualquiera de las diez planchas que conforman este peculiar y asombroso experimento, siempre descubriréis a algún personaje que, bien no habíais visto en una primera pasada, bien no habíais conseguido identificar por cualquier razón.

De hecho, esa es la principal virtud que hace de ‘Siempre pensando en TEBEOS’ un objeto al que volver a acercarse incontables veces en el futuro: el que conforme uno siga descubriendo nuevos personajes, regrese a este desplegable sin par para averiguar si, qué sé yo, el Philemon de Fred, la Cosa del Pantano o el ratón Ignatz han entrado en la vasta selección que Alex Fito ha tenido a bien compartir con nosotros, afortunados lectores. Es por ello que los cinco minutos — o menos— que tarda uno en pasear la vista por las páginas en una primera toma de contacto con el “libro” no debe ser tenida en cuenta como rasero por el que medir la suma y longeva efectividad de este soberbio homenaje al noveno arte. Chapeu, señor Fito, ¡¡¡CHAPEAU!!!

Siempre pensando en TEBEOS

  • Autores: Alex Fito
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Cartoné en acordeón
  • Páginas: 14 páginas
  • Precio: 9,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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