‘Seconds’, prepárense para un festín de buena lectura

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La lectura de Seconds ha resultado ser una auténtica delicia por varias razones. La primera es la incuestionable calidad que la obra atesora en las más de 300 páginas que la componen. La segunda es por el miedo que tenía al enfrentarme a la nueva novela gráfica de un autor, el canadiense Bryan Lee O´Malley, que con su anterior trabajo, aquellas aventuras de Scott Pilgrim, consiguió encandilar a todo el mundo, crítica, aficionados e incluso a los amantes del Séptimo Arte, ya que la adaptación a la gran pantalla por parte de Edgar Wright resultó ser uno de los largometrajes más originales y divertidos que pasaron por las salas de cine.

Lee acierta de pleno al seguir utilizando en Seconds algunos de los elementos que tan bien maneja (relaciones de parejas, treintañeros buscando su lugar en el mundo, etc…), aquellos que le dieron tan buen resultado en Scott Pilgrim. Sin embargo, estamos ante una obra completamente distinta a la mencionada, desde el primer momento sabemos que el autor es el mismo, sus señas de identidad resultan inconfundibles, pero tanto el planteamiento como la propia historia son un paso firme y hacia delante en la carrera del artista.

Todo el mundo debería aplaudir la valiente actitud de O´Malley al querer distanciarse, en la medida de lo posible, de su anterior obra. El autor no se acomoda y entrega una historia plagada de giros inesperados y algún que elemento fantástico o ¿sobrenatural? “Mismo universo” y “mismos personajes” para una historia mágica y encantadora. Lee sabe lo que sus seguidores quieren y para tenerlos contentos no duda en utilizar algunas técnicas que hagan de Seconds una lectura inolvidable (atención a la ruptura de la cuarta pared, recurso utilizado por John Byrne en su Hulka y cuyo resultado es desternillante).

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¿Qué harías si tuvieras la oportunidad de enmendar cualquier error cometido en el pasado? De eso trata básicamente Seconds, de obtener segundas oportunidades. Pero claro, todo tiene un precio ya que los posibles cambios tendrán consecuencias que, a la vez, provocarán otros cambios inesperados y quizás no deseados. Katie Clay es una de las cocineras del momento. Su local, el Seconds, goza de la admiración de todo aquel que se acerca para degustar la comida que allí se sirve. Sin embargo Katie quiere más y para ello no duda en abrir un nuevo restaurante, esta vez con ella al frente de todo. ¿Es una buena decisión? A partir de este momento es donde entra el funcionamiento “la maquinaria O´Malley”.

Personajes entrañables, un sentido del humor exquisito, reacciones incomprensibles (que manera de conectar con el lector, señores) y algo de magia (atención a Lis), elemento diferenciador de la obra y que aporta un tono francamente interesante al conjunto. A nadie cogerá desprevenido la influencia explicita que el manga tiene en la obra del autor, parámetros de un género que se adaptan a la perfección en esta comedia romántica de apariencia simple pero que guarda en su interior mucho más de lo que parece.

O´Malley consigue encandilar a todo aquel que se acerque a Seconds, una historia diferente a todo lo que se está publicando en la actualidad. Y lo hace son una historia sencilla y agradable pero cargada de personajes perfectamente definidos (uno de los puntos fuertes del autor): el socio de Katie, Arthur, para el que no existen los problemas, Andrew, el nuevo chef que siempre parece estar mohíno o el ex de la protagonista, Max, que tan pronto resulta ser encantador como rápidamente torna a un ser odioso. Una novela gráfica que sin duda se encontrará en todas las listas de lo mejor del año por su calidad y por el retrogusto a manjar de dioses que deja en el paladar una vez devorada. ¡Bona petit!
[Grade — 9.50]

Seconds

  • Autores: Bryan Lee O´Malley
  • Editorial: Random House Mondadori
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 320
  • Precio: 17,95 euros

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Mario de Olivera @fancueva

No sé si el médico que ayudó a mi madre a traerme al mundo me dio un cate en el culo o directamente me arrimó un Spiderman. Lo que sí tengo claro es que desde que tengo uso de razón siempre he tenido un tebeo entre las manos. Por el camino se fueron añadiendo más aficiones que me convierten en un devorador de series, películas y algún que otro libro. Jugador “devezencuandero” a lo que me pongan por delante, siempre y cuando medie el machacamiento de zombies o de ejércitos plagados de magos y orcos, intento estar siempre liado con cualquier actividad lúdico-frikoidal que haga mi existencia sevillana algo más agradable y entretenida. Oh yeah!

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