‘Sam Zabel y la pluma mágica’, ansiado regreso

Sam Zabel

1998. Dylan Horrocks, probablemente el único artista de cómics neozelandés que ha conseguido renombre internacional (y digo esto de memoria sin conocimiento pleno de si habrá algún kiwi más en este vasto mundillo), publica ‘Hicksville’, consiguiendo que la crítica internacional se rinda a sus pies de forma paulatina en los años siguientes hasta lograr ser galardonado con un Eisner en 2002. Sólo un año después de dicho premio, Ediciones de Ponent en conjunción con Balboa Ediciones publica la primera edición en castellano de la novela gráfica.

2010. Motivado probablemente por el continuado interés por el libro, y por las reediciones del mismo que sellos como Fantagraphics o Victoria University Press han realizado al otro lado del charco, Astiberri se hace con los derechos de publicación de la obra de Horrocks y pone en las librerías especializadas una volumen en tapa dura que supone para muchos lectores (entre los que me cuento) conocer por primera vez el cautivador relato de ese pueblo de Nueva Zelanda en el que todos sus habitantes son expertos en cómic y que, en última instancia, sirve al autor para rendir un sentido homenaje al mundo del noveno arte en general y al estadounidense en particular.

2014. Tras dieciséis años en los que poco o nada se ha sabido de él, Dylan Horrocks regresa en el mes de noviembre al primer plano de la actualidad comiquera con su nueva novela gráfica, titulada nada más y nada menos que ‘Sam Zabel y la pluma mágica’. Y si digo nada más y nada menos es por una sencilla razón que, antes de entrar a analizar las mil maravillas que podemos encontrar a lo largo de sus 228 páginas, ya comienza a hablar de forma temprana de la clara intención del neozelandés de dar continuidad al universo que iniciara tres lustros atrás: Sam Zabel no es otro que uno de los más relevantes personajes que conocíamos en las calles de ‘Hicksville’. De hecho, tanta relevancia adquiría en el transcurso de la misma, que por momentos llegaba a eclipsar tanto a Leonard Batts, el reportero que llegaba al pueblo, como a Dick Burger, el autor cuya historia trataba de revelar el primero.

Sam Zabel interior

Pero las concomitancias entre ‘Hicksville’ y ‘Sam Zabel…’ no se quedan ahí, ni mucho menos. Utilizando de nuevo su obra para hablar desde dentro de los mecanismos que articulan el medio artístico que más líneas ocupa en esta vuestra página, Horrocks consigue con esta odisea aviñetada atrapar con la misma facilidad que antaño lograra a un lector al que pocas opciones le restan que no sean rendirse ante el talento y el genio que despliega el artista a lo largo y ancho de la completa totalidad del libro.

Siguiendo a su protagonista, un dibujante de cómics en crisis, a través de un viaje que lo llevará de título de cómic en título de cómic, Horrocks plantea aquí un repaso asombroso a las idiosincrasias que hacen que el noveno arte sea lo que es, utilizando para ello la ciencia-ficción clásica tal y cómo la entendía el tebeo estadounidense en la edad de oro. No es de extrañar pues que en cualquier momento de la lectura parezca que estamos asomándonos a páginas que, por su estructura, diálogos y ritmo, bien podrían haber sido firmadas por Alex Raymond, por citar al primer autor que acude a la mente.

Ahora bien, dicho repaso no es sino la primera capa de una narración que en su talante de hojaldre comienza a aglutinar estratos de significado que superan lo que uno está acostumbrado a encontrarse en el cómic de hoy en día (ese que se lee sin mayores problemas y que, normalmente, responde a premisas muy simples): a través de ese viaje que Zabel va realizando de página en página, de historia en historia, y que bien podría ser ficticio, bien muy real, Horrocks enhebra mensajes que van desde la búsqueda de la identidad como autor (las connotaciones autobiográficas del discurso de la novela gráfica son muy evidentes), hasta la reivindicación del noveno arte como la expresión más característica y universal de los tiempos en qué vivimos (atención al momento en el que se arropa de herramientas venidas del país del sol naciente).

Entre uno y otro extremo, y poniendo siempre su trazo al servicio de lo que narra (alterándolo a placer cada vez que es necesario para llevarnos a la edad media de la narrativa secuencial si así lo requiere la historia) Horrocks, que también se descubre aquí como un habilísimo colorista, corrobora con ‘Sam Zabel y la pluma mágica’ tanto que ‘Hicksville’ no fue algo casual y aislado como que su original y personal voz debería tener una presencia más continuada en una disciplina que controla como pocos. Mientras este último anhelo queda en el aire y nos preguntamos si habrá que esperar otros quince años para disfrutar de su próxima aproximación al mundo del tebeo, no lo duden, acérquense a un título magistral que ni de lejos les dejará indiferentes.

Sam Zabel y la pluma mágica

  • Autores: Dylan Horrocks
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 228 páginas
  • Precio: 22 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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