‘Poncho fue’, tóxicos

Desplegando una vitalidad y un sentido del humor muy contagiosos, el trabajo de Sole Otero en ‘La pelusa de los días’ se convirtió hace dos años en una de las sorpresas más agradables que nos dejó el tebeo en español. Envuelto en un trazo muy desenfadado, la crónica que la artista argentina hacía del día a día a través de unas tiras que primero vieron la luz en la red para después ser recopiladas por La Cúpula en un volumen más que recomendable, conseguía implicar de tal manera al lector que sentirse identificado con lo que en ellas se planteaba era harto sencillo. Dicha cualidad, la de reconocerse en unas páginas ideadas a miles de kilómetros por una persona del sexo opuesto, es la que sin lugar a dudas vuelve a formar parte de las muchas sensaciones que dimanan de ‘Poncho fue’ el nuevo trabajo Otero que, una vez más de manos de La Cúpula, se aproxima al complicado mundo de las relaciones de pareja y al controvertido asunto del maltrato psicológico.

Los seres humanos somos manipuladores por naturaleza. Verdad incuestionable por cuanto lo único que hay que hacer es asomarse a la ventana para darse cuenta de hasta qué extremos hemos manipulado el mundo que nos rodea para adaptarlo a nuestra comodidad, es de puertas para adentro y cuando dicha manipulación se hace con la persona con la que compartes tu vida aquella sobre la que Otero construye la historia de Lu y Santi. Ella, artista; él, escritor en ciernes que no es capaz de terminar de levantar su primera novela. Ella, acosada por los demonios de la culpabilidad; él, un adulto con comportamientos infantiles que, no obstante, sabe perfectamente cómo hacer saltar los resortes en Lu para tenerla siempre “comiendo de su mano”. Ambos, personajes reales como la vida misma que buscan el amor en lugares equivocados, que olvidan que el respeto y la comprensión mutua es la base de todo y que, encerrados cada uno en sus particulares prisiones, no son capaces de ver la realidad del otro más allá del diminuto ventanuco de sus celdas.

Por mucho que nos chirríen sus comportamientos y que, a cada momento, queramos sacudirlos —a ella por no hablar claro, a él por manipularla a su antojo—, es fundamental no perder de vista que en el trabajo de universalización que hace Otero de actitudes, esquemas de pensamiento y formas de actuar, la autora está incluyendo un poco de todo y que, en ese enorme todo, algo hay de tí, de tí y, por supuesto, de mí. Es en esa incómoda identificación, en verse reflejado en algún comentario airado o alguna línea de pensamiento extremo donde reside buena parte de la grandeza del trasfondo sobre el que se monta este teatro de la vida que es ‘Poncho fue’. Un teatro que cuenta, como ya pasara con ‘La pelusa de los días’, con un dibujo simple que, en lugar de ceñirse al blanco y negro de entonces, echa mano de una paleta de colores planos que añaden un matiz naïf que sienta a la lectura como anillo al dedo, desmontando su engañosa simplicidad cualquier aproximación prejuiciosa que quisiera hacérsele a tan fenomenal volumen, de muy necesario consumo para todo el que alguna vez haya dicho “te quiero”.

Poncho fue

  • Autores: Sole Otero
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 100 páginas
  • Precio: 18,91 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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