‘Paracuellos vol.7’, el regreso de un gigante

Si alguien me hubiera dicho hace cosa de un año que el proyecto con el que Carlos Giménez nos iba a sorprender en 2016 era un séptimo volumen de ‘Paracuellos’, es más que probable que se me hubiera escapado una risotada de incredulidad por cuanto, como cualquiera que se haya acercado a una de las cumbres del tebeo español sabe, la crónica de la vida en el Hogar Social de Paracuellos del Jarama finalizó hace casi tres lustros y, desde entonces —y hasta donde servidor es consciente—, el legendario artista nunca había hecho referencia a la intención de regresar algún día a contar más historias de aquellas que trufaron la vida de los niños de la posguerra, esos que, ante la imposibilidad de sus padres de poder atenderlos, fueron acogidos por el régimen para “formar a los hombres del mañana”.

Pero si hay algo a lo que los lectores asiduos de Carlos Giménez deberíamos estar acostumbrados es a que el madrileño nos sorprenda siempre con los infinitos ases bajo la manga que parece guardarse incluso hoy, tras más de cinco décadas de profesión delante del tablero y armado con unos lápices que a sus 75 años no han perdido ni un ápice de su sempiterna genialidad. Unos ases que, reitero, uno nunca habría esperado que llevaran al artista por los caminos que recorriera en su pasado pero que, a la vista de lo que ofrecen las 80 páginas de este séptimo álbum, no podrían reservar más satisfacciones a los lectores que, de la misma manera que el que esto suscribe, atesoran la lectura —o más bien habría que decir, “lecturas”— de ‘Paracuellos’ como uno de los instantes más intensos, inolvidables e imprescindibles de su trayectoria tebeística.

Porque, seamos francos, las muchas páginas sobre las que Giménez plasmó recuerdos propios y ajenos de aquellos años de su infancia en los que compartió vicisitudes mil con otros niños abandonados a su suerte en unos hogares que ninguna justicia hacían a la calidez del término, se alzan indiscutibles como un tratado de obligado estudio, ya no sólo por los entendidos en esto de la narración secuencial, sino por todo aquél que quiera asomarse a una de las muchas facetas sobre las que el franquismo cimentó esa España sostenida por el miedo en la que, de la misma manera que ya había hecho el nazismo, se entendió que unos niños adocenados y programados eran el caldo de cultivo de un futuro lleno de esplendor para la patria.

Afortunadamente, la historia tenía reservado otro rumbo para nuestra piel de toro, y asomarse hoy desde nuestra mirada de libertad “democrática” a las incontables anécdotas que Giménez recogió en ‘Paracuellos’ es, para aquellos de la generación correcta, bien rememorar tiempos de incertidumbre si sois de los que vivistéis bajo la sombre del régimen, bien ser consciente de mucho con lo que nuestros padres tuvieron que copar si, como servidor, tuvisteis la fortuna de ser los primeros nacidos tras el fin de cuarenta años de represión.

Unos sentimientos que vuelven a florecer al dar cuenta de los cuatro relatos que conforman este ‘Paracuellos 7’ y que, con intensidad renovada, insisten en poner de manifiesto que el GENIO de Giménez no es uno que se haya ido atenuando con los años. Antes bien, brillando con una fuerza asombrosa, la adaptación de los textos que el madrileño escribiera hace décadas para la primera edición original francesa de ‘Paracuellos’ recupera de forma inmediata las cualidades que ya podíamos encontrar en el pasado de la cabecera, siendo especialmente notable entre todas las muchas que cabría citar, la identificación inmediata que se produce entre lector y personajes, exista o no de forma previa el conocimiento de los mismos a través de pretéritas lecturas: la intensidad con la que hacemos nuestros los padeceres e ilusiones de Pablito y sus compañeros de fatigas son muestra más que evidente del preciso conocimiento de cómo narrar historias que años de profesión han ido madurando en el arte secuencial de Giménez, y el hondo sentimiento que despiertan esos niños de ojos saltones y orejas despegadas impregna el avance de la narración de principio a fin.

Caracterizados de nuevo como ya lo hiciera en el pasado, los personajes de ‘Paracuellos’ siguen cobrando especial vida en los lápices y tintas de un autor que ya nada tiene que demostrar en sus planchas y que, no obstante, sigue departiendo a placer sobre cómo narrar. Y de entre todos los ejemplos del singular talento que dimana de todas y cada una de las páginas del álbum publicado por Random House en su línea Reservoir Books —una Random House que, también hace unos meses, ponía a la venta una edición espléndida en cartoné en tamaño DeBolsillo del ‘Todo Paracuellos’—, me quedaría con aquél en el que Pablito/Carlos Giménez, sale de los muros del Hogar Social para encontrar en los campos aledaños un ejemplar de ‘El Cachorro’, el tebeo con el que el artista descubrió el que sería su futuro profesional: en esas páginas en las que el niño que entonces fuera debe esconderse en un agujero a pleno sol para que las piadosas regidoras del centro no lo encuentren, es donde mejor se destilan los potentes argumentos con los que Giménez vuelve a conquistarnos y con los que, sin duda, disertará de nuevo ¿a finales de año? cuando llegue a nuestras manos el octavo volumen de la serie. Modo cuenta atrás, ¡activado!

Paracuellos vol.7

  • Autores: Carlos Giménez
  • Editorial: Random House Mondadori
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 80 páginas
  • Precio: 17,01 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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