‘Pantera’, Brecht Evens, hijo bastardo de Lewis Carroll y Bill Watterson

Hay un ambiente malsano que musita inadvertido, despreocupado y casi feliz sobre todo el desarrollo de ‘Pantera’, el nuevo trabajo de Brecht Evens publicado por Astiberri que nos ha dejado tan maravillados, tan epatados y tan sobrecogidos, que no creemos posible el que vayamos a recuperarnos de la experiencia de leerlo en tiempos cercanos. Tal ha sido la portentosa impresión que Evens ha dejado sobre nuestro ánimo, tanto lo que hay por descubrir en unas páginas que golpean al lector con una expresividad de un grado que deja muy atrás lo superlativo que, como hemos ido apuntando en las últimas semanas con otros títulos, adelantamos ya que este tebeo formará parte incuestionable de lo mejor que habremos leído durante 2018 cuando sus doce meses toquen a fin.

Retomando la frase inicial con la que comenzaba el párrafo anterior —que parece que la he puesto ahí por su efectiva personalidad y después me he ido por “los cerros de Úbeda”—, por muy colorido y espectacular desde el punto de vista visual que pueda llegar a ser ‘Pantera’ —que lo es, como pasaremos a ver en seguida—, es una sombría y atenazante sensación la que sobrevuela sobre las más de 120 páginas en las que el artista, como apunta el titular, se transmuta en una suerte de híbrido, en el improbable fruto de una imposible relación entre la febril y surrealista imaginación del autor de ‘Alicia en el país de las maravillas’ y la no menos asombrosa capacidad para idear, bajo una mezcla de irrefrenable optimismo y profundo vitalismo, del creador de esa obra maestra del noveno arte que es ‘Calvin y Hobbes’.

Quedándose del segundo con la idea de una niña que se relaciona con un felino imaginario, y aumentando el puntual cinismo con el que Watterson caracterizaba a Hobbes hasta llevarlo a extremos que rozan la maldad, la pantera que da nombre al álbum, y que Evens se empeña en dibujar como un ser mutable, que se adapta en cada ilustración —aquí no hay viñetas per se, aunque gran parte de la estructura narrativa responda a un esquema y una secuencia más o menos “tradicional”—, es, aún más que el tigre de peluche, el auténtico protagonista de unas páginas en las que el papel de la niña, al contrario de lo activo del de Calvin, se relega al de mero catalizador de las muchas y muy diversas reacciones que Evens va tratando de imprimir en el lector con una intensidad que varía en modulación a lo largo del transcurso de la lectura.

Al hipnotizarnos desde el diseño con unas planchas caleidoscópicas y fascinantes en las que el uso del color resulta más fundamental que nunca para comprender gran parte de esa información que se nos quiere trasladar; y al ir intercalando esas ilustraciones a página completa que, expresionistas en su acepción más estricta, atesoran sólo emociones y conceptos, no información discernible, el discurso que va hilvanando Evens es uno al que parece que, momentáneamente, uno le pilla el “punto” para, de forma inevitable, perdérselo en la página o páginas siguientes: cuando creemos que tenemos claro en torno a qué gira todo el trasunto, ‘Pantera’ se las arregla para escabullirse entre el follaje y atacarnos, poco después, desde un flanco completamente diferente.

Ejemplo de ello es esa fiesta sorpresa, reflejo pervertido de la de “no cumpleaños” del Sombrerero Loco de Carroll, que, conclusión de un hilo silente que ha estado de alguna manera presente a lo largo de las páginas anteriores, nos lleva de la mano con pulso firme hasta el mazazo final. Es como si Evens nos hubiera engatusado acariciándonos con un lazo de satén y de repente, sin mayor explicación, transformara éste en un alambre de espinos al tiempo que nos golpea con una maza de hierro de manera inmisericorde.

ATENCIÓN, POSIBLE DESTRIPE SOBRE EL FINALsujeto, como éste está, a la interpretación del lector

Y así, aturdidos, llegamos a cuatro últimas páginas que, directamente, nos empujan por un sombrío y escarpado precipicio para dejarnos caer libremente al vacío. Cuatro páginas que puede interpretarse de muchas formas, pero que, si se leen con la misma intención que servidor ha querido darles, obliteran por completo el talante luminoso de gran parte del recorrido y lo sumen en una de las críticas más contundentes, crueles y despiadadas que servidor ha leído acerca de los abusos a menores. Una crítica cargada de esa sutil, ladina y manipuladora personalidad que caracteriza a los que cometen tan terrible crimen y que, en última instancia, es la que lleva de la mano a ‘Pantera’ a trascender lo sobresaliente y abrazar desaforada el concepto de obra maestra.

Pantera

  • Autores: Brecht Evens
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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