‘Orlando. El secreto del monte Soplón’, cambio de orientación

Si bien es la primera ocasión en la que vamos a valorar por aquí un trabajo firmado por Teresa Radice y Stefano Turconi, no es ‘Orlando‘ la primera lectura que este redactor le hace a un tebeo firmado por la pareja de autores italianos. Antes bien, siendo como es este entrañable relato de marcado corte infantil la tercera ocasión en que Dibbuks publica en castellano un proyecto con sus nombres huelga decir que, para servidor, es la tercera en que, siempre pendiente de nuevos horizontes en los que hincar la dentada, me acerco a una tebeografía que no por breve se antoja ya maravillosa. Maravilloso fue ese trágico romance que los autores describían en ‘El puerto prohibido‘. Maravilloso —de hecho, más que maravilloso me atrevería a hablar de MAGISTRAL— fue lo que, hace un par de años, pudimos encontrarnos en ‘No te canses de caminar‘, una lectura soberbia sobre los efectos de la emigración que, y no exagero, es de los pocos tebeos que ha conseguido arrancarme sentidas lágrimas durante su desarrollo y, por supuesto, llegados a su emotivo final.

Y ahora, tras dos títulos de tan hondo calado emocional, parece que Radice —guionista— y Turconi —dibujante—, han decidido darse y darnos un respiro y nos regalan uno de esos vehículos perfectos para los más peques de la casa que tanto gustan en publicar de manera recurrente a lo largo del año los chicos de Dibbuks. Vaya por delante, antes de cualquier otra disquisición, mi eterno agradecimiento como padre a los responsables de la editorial por facilitarnos tanto el trabajo de cómo introducirle a nuestra prole el maravilloso mundo de las viñetas. Y, particularizado para ‘Orlando’, vayan también las gracias por haber apostado por un álbum tan lleno de candor, de buenas intenciones y tan orientado, no cabe duda, a seguir hablando en otros términos mucho más adecuados para un niño, del mismo argumentario ideológico sobre el que se construía ‘No te canses de caminar’.

Ahora que el COVID-19 está haciendo que media humanidad reevalúe su vida mientras pasa los días recluída en sus hogares. Ahora que tanta y tanta gente habla de la empatía y la solidaridad como cualidades que hay que marcar a fuego en nuestra personalidad, no viene nada mal que nuestros hijos, esos a los que hay que imprimir esos valores desde que casi no tienen uso de razón si lo que queremos es un mundo mejor, accedan a la aceptación del otro —sea de la condición que sea— mediante un cuento en el que un curioso niño llamado Orlando conoce al «temible» dragón que se oculta tras los humos del monte que corona la isla mediterránea donde vive: bajo esta premisa, y con un dibujo juguetón, de colores vivos y cualidades muy cercanas a un espíritu infantil, ‘Orlando’ cumple a la perfección el objetivo de instilar en los peques cierto sentido de ver a todo humano como eso, como un congénere igual que tú; y, para colmo, lo hace echando mano de una imaginación muy cercana a la infantil que, por supuesto, capta la atención inmediata de los peques que a él se acerquen. Y no lo digo yo, que lo dice mi hija de 8 años y medio que quedó encantada con lo que leyó.

Orlando. El secreto del monte Soplón

  • Autores: Teresa Radice y Stefano Turconi
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 44 páginas
  • Precio: 13,30 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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