‘Northlanders: la trilogía islandesa’, inmejorable final

Northlanders

Tras la intensidad con la que discurría su cuarto volumen —el correspondiente al ‘Asedio de París’— y después de haber cerrado con él el que probablemente era su arco argumental más espectacular, Brian Wood se encontró con la desagradable sorpresa de tener que cerrar ‘Northlanders’ en el número 50 a instancias de las mentes pensantes de DC…sí, esas mismas que creyeron que las Nuevas 52 eran una idea cojonuda…en fin. Sea como fuere, a Wood se le impedía continuar de forma indefinida la construcción de un microcosmos que si algo había servido para demostrar era la versatilidad de un guionista que lo mismo escribe un tebeo de ciencia-ficción distópica cargado de tintes políticos como ‘DMZ’ —que será lo próximo que analicemos por estas líneas de mano, otra vez, de la edición en cinco volúmenes que ECC comenzaba a dedicarle el mes pasado—, uno en un mundo arrasado por la subida de las aguas de claros tintes medioambientales o enhebra una miniserie de diez episodios centrada en un reality show de cocina en un futuro no muy lejano, y eso si no hablamos de sus incursiones en los Universos DC o Marvel, claro está.

Con la rabia contenida porque, qué vamos a hacerle, la industria del cómic yanqui es así, nos asomamos a ‘La trilogía islandesa’ con emociones encontradas para hallar en sus 256 páginas un cierre ESPECTACULAR a una serie que no le va a la zaga a dicho epíteto. Trascendidos dos números iniciales autoconclusivos dibujados con gran eficacia por Matthew Woodson y Marian Churchland, es en los tres arcos de tres números que conforman el ocaso de la serie donde nos reencontramos con lo mejor que ‘Northlanders’ ha ofrecido tanto en lo que se refiere al trabajo de Brian Wood como en lo que respecta a los muchos artistas que pasaron por los 50 números que finalmente la conformaron. A colación de éstos últimos, la terna elegida por Wood para cerrar la cabecera no podría ser más espectacular: Paul Azaceta, el artista que podemos ver todos los meses en las páginas de ‘Outcast’; el inmenso Declan Shalvey, ese del que tanto hablamos en su momento por el ‘Moon Knight’ de Warren Ellis y al que podemos leer, cuando aparece, en la fascinante ‘Injection’ —y que aquí, no obstante, está todavía a cierta distancia de lo que podríamos leerle en la citada serie marvelita— y, cerrando lectura, el personalísimo estilo de Daniel Zezelj, artista fetiche de Wood que ya había participado en anteriores entregas de la saga vikinga.

La secuencia formada por sus muy diversas maneras de entender los guiones del escritor estadounidense aporta un ritmo al discurrir de los tres arcos argumentales que se ve potenciado, no cabe duda, por la enorme fuerza que dimana del relato de la estirpe familiar de los Hauksson, por la increíble destreza que Wood demuestra en la construcción de los personajes; por unos diálogos que, tratados de forma contemporánea, nunca llegan a chirriar en un perfecto y preciso maridaje con la época en la que se desarrollan los acontecimientos y por una acción variada hasta decir basta que, junto a todo lo que acontecido desde el comienzo de la serie, es el mejor escaparate posible para afirmar con contundencia del error de los responsables de DC y Vertigo al cancelar un título que podría haber continuado sine díe permitiendo a Wood seguir regalándonos la brutalidad descarnada de la Europa del norte de hace ocho siglos. Nunca los vikingos —a excepción de la magnífica ‘El guerrero número 13’— han conocido mejores historias que las que aquí hemos leído. Y si no es así, que me parta un rayo del martillo de Thor.

Northlanders: la trilogía islandesa

  • Autores: Brian Wood & VVAA
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 256 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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