‘Niños salvajes’, pretenciosidad al poder

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Pese a no haber cumplido todavía los treinta, Ales Kot es un guionista que ha dado bastante que hablar en los circuitos independientes y que cuenta ya en su haber con un abultado número de títulos propios, entre los que se cuentan ‘Zero’, ‘Wolf’, ‘Material’, ‘Change’ y este ‘Niños salvajes’ que hoy nos ocupa. Este cómic, el primero que escribió, centra la atención del lector en un grupo de estudiantes de instituto. Cinco jóvenes inconformistas, hastiados, insatisfechos con el mundo que quieren legarles los adultos, que un buen día deciden armarse hasta los dientes, atrincherarse en su centro de estudios, retener a los profesores y retransmitirlo todo en directo para que el mundo conozca su mensaje. Y ya de paso, mientras juegan a los terroristas, se dedican a soltar unas peroratas insufribles donde se plantean desde la naturaleza de la realidad hasta los límites del libre albedrío, pasando por la identidad, el conocimiento, las alteraciones de la percepción por el consumo de drogas, etcétera.

Ales Kot peca, ya desde su debut con este ‘Niños salvajes’, de una pedantería y una pretenciosidad tremendas. La lectura se hace pesadísima con esa sucesión de diálogos enrevesados con los que cada personaje —y a través de ellos, el autor— se esfuerza muchísimo por resultar trascendente, por transmitir al lector esa idea innovadora que le hará cambiar su percepción del mundo. Y no es así, menos aún en este ‘Niños salvajes’ donde esas ideas de rebelión escolar, cuestionamiento del sistema educativo y de la realidad, y búsqueda de nuevos estados mentales a través de sustancias psicotrópicas ya las promulgaban los hippies hace cincuenta años. Kot no acaba de captar el enfado y alienamiento de nuestra generación, la de los nacidos entre los 80 y principios de los 90, como sí supo hacer Grant Morrison a través del personaje de Quentin Quire en uno de los arcos argumentales de sus ‘Nuevos X-Men’.

Lo que hace Kot, en esencia, es juntar un montón de referencias a libros, películas, pensadores e incluso otros cómics, y soltarlas tal cual, sin digerir, sin darle coherencia al conjunto con un hilo argumental sólido y unos personajes que no se limiten a divagar sin ton ni son. Un error que se puede perdonar en sus primera obras, pero que se ha seguido repitiendo en otros títulos posteriores, como ‘Material’. Ya encima cuando le da por poner notas al pie recomendando tal o cual lectura, o explicando de dónde ha sacado cada referencia, te entran ganas de reservar un vuelo a Los Ángeles, buscar su casa, llamar a la puerta y pegarle un sopapo en cuanto te abra. La línea que separa la inteligencia de la pedantería, la sofisticación del postureo o la reflexión del sopor absoluto, puede resultar fina. Pero en casos como el de Ales Kot, esa línea directamente no existe. Es una lástima, porque se percibe cierto potencial en sus guiones, ciertas ideas interesantes y genuinas de verdad, pero son las menos, y con una ejecución tan pretenciosa se pierde cualquier posibilidad de apreciarlas.

Niños salvajes

  • Autores: Ales Kot y Riley Rossmo
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 64
  • Precio: 6,50 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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