‘Misterios de un asesinato’, crímenes celestiales

Misterios de un asesinato

Creo recordar que fue una antigua empleada de Nostromo —acaso la tienda de cómics de referencia de la capital hispalense— la que una buena tarde de viernes en la que un servidor no sabía que diantres comprarse recomendó, con bastante efusividad, un tebeo que a ella le había parecido «fascinante». Al preguntarle el motivo y, más aún, de qué iba el cómic en cuestión, la respuesta fue clara: «Hay un asesinato en el cielo, un ángel aparece muerto y otro investiga el crimen». No hacía falta que me dijera nada más. Mi curiosidad estaba lo suficientemente motivada como para llevármelo a casa y leérmelo aquella misma noche de una sentada.

Han pasado varios años desde aquella primera lectura, y la verdad es que un cómic que me pareció sobresaliente, ahora ha bajado varios enteros en su apreciación. Vaya por delante que ‘Misterios de un asesinato’ es un tebeo impecable, tanto que por momentos su lectura resulta fría, como una de esas películas que son perfectas en el aspecto técnico pero en el fondo carecen de corazón. Moviéndose peligrosamente en la línea que distingue un producto con alma de uno carente de ella, el trabajo de Neil Gaiman y P. Craig Russell consigue atrapar inicialmente con una premisa de partida que resulta fantástica, desarrollándose el prólogo y el primer acto de la obra de tal manera que el lector asiste a la semilla de todo lo que pasará después casi sin saberlo: primero se nos muestra el asesinato que da nombre al volumen, después a sus personajes, dos humanos que se encuentran fortuitamente una noche en Los Ángeles y los divinos y alados protagonistas de la narración de uno de ellos. Las reminiscencias tanto al cine de suspense como a las novelas de Agatha Christie son tan evidentes como constantes a lo largo de la totalidad de la narración, y la forma tiene Gaiman de resolver la investigación del ángel «detective», es demasiado similar a las que la escritora usó en ‘Muerte Bajo el Sol’, ‘Diez Negritos’ y, sobre todo, ‘Asesinato en el Orient Express’.

Este hecho, que en realidad tiene poca trascendencia más allá de lo anecdótico, sirve como trampolín para que otros vicios menos evidentes salten a la luz. El más llamativo es que siendo un tebeo tan corto, Gaiman sea capaz de dar tantas vueltas con el sólo objeto de alargar la trama más allá de lo estrictamente necesario cuando, siendo pragmáticos, se podía haber contado lo mismo, en menos páginas y sin tanta cháchara —aunque, como es norma en el escritor, ésta sea de calidad, todo hay que decirlo—. Otro aspecto, derivado de éste, es que el final de la historia resulte tan ambiguo, al menos a ojos de un servidor, claro está. Lo desdibujado del propósito del ángel protagonista, y su carácter de títere divino por más que él quiera huir de tal apelativo, no sirve a la narración como Gaiman desearía y, a la postre, juega en su contra, antojándose la conclusión del relato algo forzado e innecesariamente abierto.

Al trabajo de Russell es imposible ponerle objeciones, no sólo porque su dibujo trace con precisión lo que el guión va exigiendo – algo normal al fin y al cabo en un artista de su talla y veteranía – sino porque el artista, un consumado narrador, echa toda la carne en el asador tanto a la hora de caracterizar a los personajes como materializando las alucinantes descripciones que Gaiman inventa para el entorno donde se mueven las huestes celestiales. Su implicación en el proyecto es de tal calibre que él es el directo responsable de que ‘Misterios de un asesinato’ alcance el notable en su apreciación final. No es que el guión de Gaiman sea mediocre, es que en comparación con el dibujo, se queda en un modesto segundo plano.

Misterios de un asesinato

  • Autores: Neil Gaiman y P. Craig Russell
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 12,82 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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