‘Métal Hurlant. El garaje hermético’, los mil y un Moebius

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Decía hace muy pocos días que cuando así se lo proponía Moebius era inconmesurable (vale, no lo decía en esos mismos términos, pero el mensaje era el mismo). Y si hay una prueba palpable de lo grande que podía llegar a ser el desaparecido alter ego de Jean Giraud esa es ‘El garaje hermético’, las historias sin pies ni cabeza que el artista francés concretó desde mediados de los setenta hasta principios de los ochenta en la revista ‘Métal Hurlant’ y que, previamente editadas por Norma en glorioso blanco y negro (hagánme caso, si pueden conseguirlas, no duden en pagar lo que haga falta), ahora quedan recogidas en color en este sexto y, más que nunca, imprescindible volumen de la colección que lleva el nombre de la mítica cabecera del país vecino.

Cualquiera que se haya acercado en algún momento de su existencia como lector de tebeos a la biografía de Moebius, sabrá de sobra que ‘El garaje hermético’ comenzó de casualidad en el número 6 de ‘Métal Hurlant’ cuando el autor escribió y dibujó dos páginas (y cuatro viñetas) en las que introducía al personaje de Jerry Cornelius, un ingeniero que destroza una nave por error y que comienza entonces una huída a ninguna parte que da pie a un viaje indescriptible.

Homenaje directo al personaje más conocido salido de la pluma de Michael Moorcoock con permiso de Elric de Melniboné, Jerry Cornelius no será, no obstante, el centro de atención de Moebius ya que, cuando a instancias de la dirección de la revista, siga internándose en ese nada hermético garaje (una de las muchísimas y geniales contradicciones de no-argumento del cómic) y desarrollando la trama (es un decir, claro está) será el personaje del Mayor Fatal el que vaya cobrando cada vez más relevancia y protagonismo.

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Tratar de comprender el hilo conductor de ‘El garaje hermético’ sin estar sometido al efecto alucinógeno de las drogas que consumió Moebius durante su realización es una hazaña sólo reservada a los más osados, al resto de lectores nos queda intentar aproximarnos a la orilla de un fantástico mundo sin orden ni concierto en el que TODO es posible y en el que el autor, dando rienda suelta a toda la potencia creativa que tan castrada quedaba en su no menos alucinante trabajo para ‘Blueberry’ (que aparece por ahí en una de las páginas), obvió límites y exploró lo inexplorado, cambiando constantemente de estilo para asombro y regocijo de los amantes de su arte.

Ir descubriendo los homenajes (o deudas visuales) que Moebius va plantando a lo largo y ancho del vasto mundo que es ‘El garaje hermético’ es un gustazo constante, y desde Lee Falk a Will Eisner pasando por esos resúmenes tan propios de las tiras de prensa norteamericanas o los seriales cinematográficos de los años treinta y cuarenta, las pequeñas historias de dos, tres o cuatro páginas contienen todas grandes tesoros gráficos esperando a ser descubiertos por el lector que a ellos se acerque.

La fascinación que ‘El garaje hermético’ provoca es, en última instancia, una que no debe verbalizarse en exceso. Y es por esta última razón por la que termino aquí, sin más, esta burda aproximación a la incontenible e indescriptible grandeza que se aloja en los rincones del universo creado por Moebius. Cuestión vuestra será, a partir de este momento, de dar el paso decisivo al mundo sin fronteras que es la imaginación del desaparecido artista. Si es así, bienvenidos sean.

Métal Hurlant. Moebius. El garaje hermético

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  • Autores: Moebius
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 120
  • Precio: 20 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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1 Comentario

  1. Este volúmen, para mi gusto, está tan sobrevalorado por la crítica que roza lo deshonesto.
    Prefiero cualquiera de los otros volúmenes de la colección Metal Hurlant; el dibujo es el mismo y además los guiones son guiones. Aqui el dibujo es igual de soberbio, pero el guión no pasa de experimento/broma personal de Moebius. Dista mucho, muchísimo de estar entre lo mejor de su producción. A mi no que no me líen con lo que no es…

    Con lo que coincido al 100% con la crítica de este título es que, a nivel gráfico, es mil veces mejor en blanco y negro que en color.

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