‘Mecánica celeste’, tratado en dinamismo

Es bien evidente que, como suele decirse en lenguaje coloquial, «hay tantas opiniones como culos» y que, ante una obra determinada, las valoraciones sobre la misma pueden estar tan polarizadas que unos piensen sobre ella en términos sobresalientes y otros la arrastren por el fango. Completamente respetables todas y cada una de ellas, eso no quita para que, cuando uno se asoma a las críticas que se vierten sobre un título en concreto, sobre todo cuando ya ha tenido la oportunidad de disfrutarlo en mayor o menor medida, le resulten cuanto menos curiosas las alegaciones del aficionado de turno para echar por tierra los esfuerzos del autor de turno. Particularizando esto en ‘Mecánica celeste‘, me resultaban ciertamente risibles algunos argumentos que, airados, no sabían valorar lo mucho que hay de fantástico en lo nuevo de Merwan Chaban, centrándose aquellas críticas en que el argumento de este espléndido volumen publicado por Nuevo Nueve era tan exigüo que no servía para sustentar las 200 páginas en las que se desarrolla.

A esas voces respondería yo, aprovechando este púlpito desde el que os hablo, que no todas las lecturas tienen que venir en la disposición de «cambiarte la vida» —a saber cuántas incontables hemos hecho a lo largo de nuestra existencia que no han dejado muesca alguna en la memoria—; que en ocasiones, un entretenimiento de PRIMER ORDEN como es ‘Mecánica celeste’ puede resultar tan relevante como el más sesudo de los tebeos de «calado» y que, puestos a hacer una comparación que se me ocurrió mientras daba febril cuenta de las portentosas páginas que Merwan enhebra aquí, poco ofrecía en términos argumentales ‘Mad Max. Furia en la carretera‘ —porque, a ver, era una ida y una vuelta y lo que pasaba en medio, poco más— y eso no fue óbice para impedir que gozáramos como posesos con el músculo narrativo que George Miller imprimió a la cinta.

Situada 48 años en un futuro post-apocalíptico del que se dan cuatro trazos —y, cuidado, que no hacen falta más—, ‘Mecánica celeste’ sigue los pasos de Aster, una joven que vive en el bosque de Fontainebleau y que está a punto de verse envuelta en un enfrentamiento regido por las muy peculiares normas que controlan el juego que da nombre al álbum, una suerte de iteración surgida de la suma de balón prisionero con los juegos del hambre en el que no hay muertes pero sí escenarios sobre los que tratar de eliminar a tus contrincantes mediante el choque con una pelota. La mezcla entre ambos mundos —el del balón prisionero y el universo imaginado por Suzanne Collins—da como resultado un juego muy loco que, en las muy habilidosas manos de Merwan se convierte en algo tremendamente adictivo.

Y es que fue comenzar a leer y, aunque la hora era tardía, no pude dejar ‘Mecánica celeste’ hasta terminarlo. Este hecho, que siempre defiendo como una cualidad a tener en cuenta a la hora de valorar cualquier obra, queda refrendado aquí por unas páginas adrenalínicas como pocas en las que, con un manejo sobrenatural de las acuarelas —y sólo hay que atender a la portada del álbum para percatarse de ello—, Merwan da lección tras lección de planificación y narrativa, dos factores que, obviamente, cobran singular importancia en las muchas planchas que se destinan a escenificar los tres enfrentamientos de la Mecánica celeste y que, en el tercero de ellos, nos dejan completamente extasiados. Ante eso, poco (me) importan disquisiciones sobre lo enclenque y hasta raquítico del guión cuando, a ojos del que esto firma, ‘Mecánica celeste’ ha supuesto una de las lecturas del año. Como lo leéis.

Mecánica celeste

  • Autores: Merwan Chaban
  • Editorial: Nuevo Nueve
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 200 páginas
  • Precio: 28 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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