‘Los zapatos rojos’, el valor de la amistad

Antes de entrar siquiera a valorar la hondura de ‘Los zapatos rojos’, lo mucho que llegan a calar en el ánimo del lector sus personajes y la miriada de sentimientos que el guión de Gèrard Cousseau despierta en el lector, creo estrictamente necesario comenzar estas líneas haciendo imprescindible referencia al muy magistral nivel al que este volumen de Ponent Mon raya en lo que a la labor de Damien Cuvillier se refiere: completo desconocido para el que esto firma —igual que veremos mañana con otro volumen de la misma editorial—, ya la sencillez, belleza y sensibilidad compositiva que destila la portada es inmejorable exponente de lo que, probablemente nos vamos a encontrar dentro. Pero lo cierto es que cualquier positiva impresión derivada de la contemplación de lo que Cuvillier consigue en aquélla con un lápiz y tres manchas de acuarelas queda completamente superada toda vez uno se adentra en la luz que desprenden sus páginas y comienza a dar cuenta de unas viñetas maravillosas que lo son, tanto por lo virtuoso del trazo del artista francés como, por supuesto, por el control que éste demuestra ostentar sobre las aguadas.

Ya he hablado en alguna ocasión de la dificultad que supone dar color con acuarelas y de cómo un error puede costar corregir todo un dibujo. Haciendo que dicha dificultad parezca un juego de niños, la precisión con la que se aplica el color en todas y cada una de las planchas, hace que un trabajo que ya hubiera sido calificado de sobresaliente por la atención al detalle, la caracterización de personajes y la claridad narrativa, suba incontables enteros hasta alcanzar un grado que se asienta con suma tranquilidad en lo MAGISTRAL y que, por sí solo, coloca a ‘Los zapatos rojos’ como una de las lecturas más imprescindibles de lo que llevamos de 2019. Eso, como digo, sin entrar a valorar ni un ápice de lo que la historia ofrece; y si recordáis las primeras líneas de esta entrada —si no lo hacéis lo tenéis tan fácil como un pequeño scroll hacia arriba— ya podréis imaginar en qué posición termina acabando este relato situado en mi época favorita de la historia: la Segunda Guerra Mundial.

Sita en la Bretaña y desarrollada entre la primavera de 1944 y el momento en que Francia es liberada del yugo nazi por las fuerzas aliadas, ‘Los zapatos rojos’ centra su atención en la amistad entre un joven francés y un ruso blanco que llega a su pequeño pueblo exiliado de su patria. Salpicada por todos los acontecimientos que rodearan el principio del fin de la contienda y, por supuesto, por la despiadada brutalidad que las fuerzas alemanas demostraron conforme se fueron batiendo en retirada de todos los territorios que ocuparon, ‘Los zapatos rojos’ invierte asimismo considerables esfuerzos en acercarnos a la figura de los colaboradores, esos seres miserables que, por una pequeña cuota de poder y por satisfacer pulsiones personales, no tuvieron reparo alguno en adherirse a los invasores y acabar, por acción directa o indirecta, con la vida de sus vecinos e incluso amigos. Unido todo lo anterior, el fresco que Cousseau construye es tan realista, tan vívido y encuentra, como decíamos, tan sublime traducción en el dibujo, que no queda otra que caer rendidos ante la evidencia de estar delante de uno de esos tebeos que HAY que leer.

Los zapatos rojos

  • Autores: Gèrard Cousseau y Damien Cuvillier
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 96 páginas
  • Precio: 22,80 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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