‘Los viejos hornos 1. Los que quedan’, ‘Arrugas’ a la francesa

Los viejos hornos 1

Considerando el calado de las dos obras que hasta ahora nos ha hecho llegar —los cuatro álbumes de ‘Alim el curtidor’ de mano de Norma, ‘El mono de Hartlepool’ por cuenta de Dib-bulks—, no creo que sea una exageración afirmar que Wilfrid Lupano es una de las voces a tener en cuenta de forma inexcusable a la hora de hablar de aquellas actuales que, con poco o mucho recorrido, se elevan sobre la media de lo que podemos leer proveniente del otro lado de los Pirineos. Una apreciación ésta que no hace sino aumentar cuando, a mitad de lectura del primer volumen de ‘Los viejos hornos’ ya sentimos a los personajes como nuestros —vamos, que casi me atrevería a calificarlos como familia debido al inmenso trabajo que en ese sentido de cercanía realiza el escritor—, nos interesa sobremanera hacia qué dirección van a moverlos los hilos de su guionista y creador y qué será de ellos en la segunda y tercera entregas que, ya publicadas en Francia —la última apareció en el país vecino el pasado mes de noviembre—, esperemos que Norma tenga a bien trasladarnos a la mayor brevedad posible.

Protagonizado por tres “abuelos” entrañables que coinciden en el entierro de la esposa de uno de ellos, una mujer adorable y luchadora que será el motor silente de todo lo que vaya sucediendo durante la historia, donde llama poderosamente la atención en primera instancia ‘Los viejos hornos’ es en su dibujo, obra y gracia de Paul Cauuet, artista con el que Lupano lleva trabajando desde 2004 en dos cabeceras de fantasía inéditas en nuestro país y que, a la luz de lo que podemos ver aquí, al que esto suscribe no le importaría nada tener la oportunidad de disfrutar traducidas al castellano. Y es que el trabajo que Cauuet lleva a cabo en las planchas de este primer álbum es de un nivel espectacular que encuentra sus fortalezas en un trazo que recuerda —y mucho— al de nuestro Jordi Lafebre, y en las virtudes que a través de él se concretan en la inequívoca caracterización de personajes —genial la precisión con la que se plasman las versiones jóvenes y ancianas de los mismos— y en unos escenarios en los que el mimo por el detalle es sumo.

Apoyándose pues en una vertiente gráfica sin fisuras, Lupano lo tiene relativamente fácil para que el lector caiga rendido sin remisión ante el candor que desprenden todas las páginas de una historia a la que, quizás, sería demasiado sencillo calificar como la ‘Arrugas’ del cómic francobelga por el mero hecho de venir protagonizada por un puñado de ancianos que, en cierto modo, renuncian a dejarse encasillar por su condición senil y que, por la obcecación de uno de ellos, se ven envueltos en una peculiar trama que hará que corran aventuras “impropias” de su edad. Simpática, tierna y por momentos hilarante, ‘Los viejos hornos’ es una de esas lecturas que, tan pronto has terminado, consigue dos cosas: la primera, dejarte con una sonrisa de oreja a oreja; la segunda, que estés deseando que aparezca el siguiente volumen, no sólo para dar cuenta de él sino para poder tener así la excusa perfecta que dé pie a una revisión “obligada” de éstas primeras páginas.

Los viejos hornos 1. Los que quedan

  • Autores: Wilfrid Lupano y Paul Cauuet
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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