‘Los surcos del azar’, hacer justicia

Como he hecho en otras ocasiones, reviso, corrijo y dejo aquí las primeras y lejanas impresiones que, hace casi seis años, dejó en mi yo lector de entonces un primer acercamiento a ‘Los surcos del azar’; una obra que, aprovechando el 75º Aniversario de la liberación de París, Astiberri vuelve a poner en circulación con un espléndido adendo del que hablamos brevemente al final de estas líneas y que, más de un lustro después, sólo ha ganado en acentuar todos los valores que ya vimos por aquél entonces.

Algo más de tres semanas han tenido que pasar desde que terminé la lectura de ‘Los surcos del azar’ hasta que, con las vacaciones navideñas de por medio haya encontrado el momento propicio para poder hablar como se merece del que, sin lugar a ningún resquicio de dudas, es el CÓMIC ESPAÑOL del año. Y no es que hasta este momento no haya tenido huecos para sentarme delante del teclado, es que es tanta la carga emocional que comporta lo que Paco Roca pone en juego en las páginas de su proyecto más largo hasta la fecha, que han sido necesarios estos veinte días para rumiar el texto que vais a leer a continuación. Un texto que, con todo, es más que seguro que no va a conseguir hacer justicia al inmenso despliegue de nervio narrativo y genio secuencial que Roca hace en esta obra maestra del noveno arte.

Con varios puntos ganados de partida —al menos a título personal— por el marco histórico elegido por el artista valenciano para situar la acción, el relato que Roca enhebra en ‘Los surcos del azar’ nos lleva de la mano a esa herida que aún tardará alguna que otra generación más en cerrarse que es la Guerra Civil, trasladándonos de forma directa y sin ambages el dolor de aquellos que tuvieron que dejar su tierra atrás para evitar su asesinato y el de sus seres queridos.

A este respecto, el comienzo de la historia no podría ser más terrible y mejor indicativo de las claras intenciones que Roca guarda para con su obra: hacinados en el puerto de Alicante, rostros marcados por una contienda que toca a su fin esperan impacientes la llegada de un barco que los aleje de un país que acaba de resquebrajarse en dos mitades. El drama, la tragedia más bien, que se tuvo que vivir en aquellos momentos es reflejada por Roca de una manera tan angustiosa que pareciera que el dibujante ha podido asomarse por la ventana de un edificio colindante al mar y sido testigo de excepción de los hechos —impresionan, y cómo, esas viñetas mudas en las que se visualizan unos horrores imposibles de describir.

Trascendidos esos primeros compases de lectura, la «acción» salta al presente, con Roca siguiendo las pesquisas que le llevarán al encuentro de Miguel Ruiz, uno de tantos españoles que huyó sin posibilidad de mirar atrás por pertenecer a la España de los perdedores y que se convertirá en fuente inagotable de la que mane el resto de la narración. Una narración ágil, soberbia, en la que los constantes cambios entre tiempos van imprimiendo un ritmo espléndido a una historia que pasa del drama más horrendo a la comedia más ligera con una facilidad que resulta tan pasmosa como sublime.

A cualquiera que se haya acercado en alguna ocasión a un título de los muchos que ya trufan la imprescindible trayectoria de Roca no deberá sorprender que, en lo estrictamente visual, el talento narrativo del valenciano de muestras aquí de lo que cualquiera de los títulos que componen su tebeografía han planteado ya hasta la saciedad: que nos encontramos ante un autor de talento incuestionable que no conoce límites a lo que es capaz de plantear con suma sencillez en una página; y la historia de ‘Los surcos del azar’, que atesora en sus planchas momentos que se mueven en una inmensa variedad de géneros, no necesitan de alardes innecesarios y superfluos para llegar como un obús a las entrañas del lector.

Anidados allí durante el tiempo que cada uno tarde en consumir las más de trescientas páginas a lo largo de las que se va desplegando el viaje de un personaje que perfectamente pudo ser cualquiera de nuestros abuelos, la firmeza con la que los muchos sentimientos que acuden al que se sitúa a este lado del papel impreso dejan hondo poso de reflexión es la que mejor habla de la mayestática grandeza y de las cotas que Roca alcanza con ‘Los surcos del azar’. Y no (me) cabe duda, porque después de tanto tiempo ya no hay recoveco donde albergarla, que como ya sucediera en pasadas lecturas, la certeza de que dichas cotas no podrán ser superadas terminará desliéndose tarde o temprano en ese gigantesco crisol de genio y figura que es el talento de un monstruo del noveno arte llamado Paco Roca. Al tiempo.

Y lo que el tiempo ha tenido a bien juzgar, como decía al comienzo, es que ‘Los surcos del azar’ se sitúe, por méritos contundentes, como uno de los tres mejores títulos del autor valenciano junto con la sempiterna ‘Arrugas’ y la maravillosa ‘La casa’: tras la nueva lectura efectuada para comprobar lo acertado o erróneo de mis pretéritas reflexiones y, por supuesto, para dar cuenta de ese espléndido epílogo a modo de conversación en el que Roca y Robert Coale conversan acerca del discurrir de todo el relato, de las cosas que se ajustan a la historia y las obligadas licencias que el dibujante español se tomó, sólo puedo decir que aquél que no haya leído esta MAGNA obra, este culmen del noveno arte, está dejando pasar la oportunidad de asomarse a uno de esos libros que, a poco que uno se deje, marcan de por vida.

Los surcos del azar

  • Autores: Paco Roca
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 352 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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