‘Los puentes de Moscú’, destilando verdad

Iba a recurrir al típico “Zapico lo ha vuelto a hacer” para encabezar esta entrada dedicada a ‘Los puentes de Moscú’, la nueva obra del artista asturiano publicada, cómo no, por Astiberri. Pero conforme estaba redactando el titular, caí en la cuenta, no de lo recurrente del mismo en el medio escrito, sino de aquello que finalmente he querido recoger con el gerundio y el sustantivo que he unido para la ocasión: “destilando verdad”. Podría haber elegido otra fórmula más efectista aún de la que ya supone la unión de los dos términos, pero lo cierto es que, cuando uno finaliza la lectura de esta obra, séptima que la editorial bilbaína le produce al genio detrás de ‘Café Budapest’, ‘Dublinés’ o ‘La balada del norte’ —cuyo tercera y última entrega esperamos con gran ilusión—, y comienza a reflexionar sobre lo que Zapico expone en sus páginas, la sensación que invade al lector es la de haber asistido a un despliegue sin par de la verdad como pocas veces la podemos contemplar hoy en día.

Una verdad que, con personalidad triple, trata de acercarnos aquí a la realidad del pueblo vasco sin ambages, medias tintas, intereses políticos —y eso que una de las patas de ese triplete es Eduardo Madina—, injerencias externas o influencias del tipo que sea: en las 200 páginas que conforman ‘Los puentes de Moscú’ no hay lugar para nada de eso y sí abundante espacio para la transparencia, para una exposición de los acontecimientos que rodearon las vidas de sus dos protagonistas que se pone en boca de ellos —y, aquí, evidentemente, es donde quien así lo quisiera podría debatir mucho acerca de la cantidad de verdad que contienen las planchas del libro— y para la construcción de un relato que, recorriendo la historia reciente de nuestro país en relación con ETA y el terrorismo, pone en tela de juicio, de manera sutil y nada violenta, mucho de lo que los foráneos al País Vasco podríamos haber llegado a pensar, mediatizados como estábamos, sobre lo que allí se coció en los años de más turbulenta actividad del grupo armado.

Para conseguirlo, Zapico recurre, como ya hiciera en ‘La ruta Joyce’, a situarse él como el tercer vértice intermitente de la narración, y habla de manera directa al lector de forma que, en tan sólo cuatro o cinco páginas, tengamos cualquier defensa o prejuicio completamente desarmado y el ánimo preparado para lo que el artista tenga a bien compartir con nosotros. A partir de ahí, de esos compases iniciales de la lectura, ‘Los puentes de Moscú’ se construye, o al menos eso nos parece, con una máxima en mente: no cesar en el empeño de resultar amena, entretenida, simpática y a la par honesta y directa para con la dureza de ciertos acontecimientos que se nos presentan, ya lo decía en el párrafo anterior, sin ningún tipo de dobleces.

Así, por ejemplo, el aciago día en que Edu Madina sufrió los devastadores efectos de las tácticas de ETA y perdió una pierna en un letal atentado, comparte sitio con las muy variadas andanzas de Fermin Muguruza, referente musical del País Vasco y una de las voces más reivindicativas de nuestro país, y con los recuerdos e historias pasadas de ambos, ya sean compartidos o exclusivos; recuerdos a los que Zapico da forma de una manera tremendamente natural, como si hubiera sido partícipe directo de ellos y nos los hubiera servido tal cuáles.

Dinámica y hasta dicharachera por momentos, la narración de ‘Los puentes de Moscú’ se compromete desde muy temprano no sólo a hacerse eco de las personalidades de sus protagonistas, dando espacio a cada una de sus idiosincrasias sin que éstas chirríen en sus encuentros, sino a alzarse ella misma como una voz más. Una voz que azuce al lector a tratar de ver la realidad no bajo un único prisma, sino bajo un caleidoscopio complejo en el que todas las reflexiones, por muy estridentes o deshumanizadas que puedan parecernos, tienen su lugar.

Invitando al diálogo y a tender esos puentes de los que habla su título —porque dichas estructuras son aquí tan figuradas como el Moscú al que hace referencia aquél— Zapico construye la lectura más comprometida de su trayectoria, una que ejemplifica de manera soberbia sus inmensas dotes narrativas —unas dotes que, una vez más, prescinden de la viñeta y estructuran la página de manera tan libre como el espíritu que conduce todo el volumen— y que consigue algo que ya suponíamos antes incluso de abrir el libro: alzarse indiscutible como una de las obras que incluiremos, sí o sí, en la selección de lo mejor de 2018.

Los puentes de Moscú

  • Autores: Alfonso Zapico
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 200 páginas
  • Precio: 13,30 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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