‘Los leones de Bagdad’, una fábula adulta sobre la invasión de Irak

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En abril de 2003, los bombardeos del ejército estadounidense sobre Irak alcanzaron el zoológico de Bagdad, provocando que se escaparan cuatro leones que comenzaron a deambular por la ciudad. La historia pasó bastante desapercibida en los noticieros, algo lógico teniendo en cuenta la magnitud del conflicto que acababa de estallar, pero sí llamó la atención de Brian K. Vaughan. El guionista se sirvió de lo que a primera vista podría parecer una simple anécdota para crear una fábula adulta con la que hablarnos de la tragedia de la guerra desde un punto de vista innovador, sin caer en el panfletismo ni la moralina fácil.

En el marco de la historia que nos cuenta Vaughan, el zoológico de Bagdad se convierte en una metáfora de lo que fue el régimen de Saddam: un lugar donde se restringen las libertades de sus habitantes a cambio de proporcionarles alimento y una sensación, al menos aparente, de seguridad. Los cuatro ejemplares que conforman la manada (dos leonas, un león y un cachorro) representan también las distintas actitudes que adoptó el pueblo iraquí frente al régimen, divididas entre aquellos que consideraban que se vivía mejor con Saddam, quienes anhelaban recuperar su libertad, y quienes por su juventud no habían conocido otra cosa que la vida en cautividad. Vaughan consigue expresar esos distintos puntos de vista a través de los diálogos de los leones sin que se imponga ninguna opción sobre la otra, de forma que queda en manos del lector decidir si vale la pena pagar el precio de la libertad o mantener el régimen sin que nada cambie para intentar asegurar el propio sustento.

Pese a tratarse de un cómic mucho más breve que los títulos más emblemáticos del guionista (‘Y: el último hombre, ‘Ex Machina’, ‘Saga’) no nos encontramos ante una obra menor, ya que ostenta las principales señas de identidad de Vaughan como narrador y plantea multitud de reflexiones en torno a la guerra en general y el conflicto de Irak en particular. El ingenio y la originalidad de Vaughan quedan patentes en las situaciones que deben afrontar los leones, en las conversaciones que mantienen, y dentro de la crudeza general del retrato, se permite salpicar la narración con algunos toques de ese humor inteligente que tanto destaca en sus obras.

Tampoco podemos pasar por alto el excelente trabajo del dibujante Niko Henrichon, que dota a los leones de una enorme personalidad y expresividad sin perder nunca un alto grado de realismo, y sin necesidad de darles un aspecto demasiado antropomórfico. Su trabajo brilla con luz propia en varias escenas de la historia, sobre todo aquellas en las que nos deja boquiabiertos con splash-pages dobles que retratan, por ejemplo, la fuga en estampida de los animales del zoo o el atardecer carmesí sobre los tejados de Bagdad. La calidez de su paleta de color aporta la atmósfera adecuada al relato, sin que le tiemble el pulso a la hora de plasmar las escenas más duras, que desde luego no faltan en este cómic. No esperéis una fábula amable sobre la amistad y el heroísmo, porque al igual que ocurre en la vida real, los finales no siempre son felices.

Esta nueva edición de ‘Los leones de Bagdad’ incluye un generoso apéndice donde encontramos la propuesta original que Vaughan presentó a los editores de Vertigo en septiembre de 2003, junto con una versión ampliada de la misma que realizó en mayo de 2004. A través de las palabras del guionista descubrimos qué es lo que buscaba transmitir con esta historia, y conocemos detalles y simbolismos que quizá se nos pudieron escapar durante la lectura. El apéndice también viene aderezado con abundantes bocetos de personajes y páginas, que nos confirman la cantidad de trabajo que ambos autores dedicaron a este cómic breve, intenso, profundo y original.

Los leones de Bagdad

  • Autores: Brian K. Vaughan y Niko Henrichon
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 168
  • Precio: 15,50 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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