‘Long John Silver. Integral’, paradigma de la aventura

Si la edición de integrales llegará a normalizarse de la misma manera a este lado del charco —y a este lado de los Pirineos— a cómo está establecida en el mercado estadounidense con TPBs, HCs, Deluxe HCs, Omnibus, Absolutes y demás, servidor no tendría reparo alguno a tomar la misma decisión que aquella a la que llegó hace muchos lustros cuando resolvió no volver a adquirir ninguna grapa más porque, ¿para qué si terminaría teniendo a mi disposición ediciones mucho más duraderas? Bajo este mismo razonamiento, trasladado a la margen este del Atlántico, he ido, en los últimos tiempos, «actualizando» colecciones terminadas cambiándolas por sus respectivos «tomos recopilatorios» por diversas razones que van desde la mera chaladura coleccionista al hecho mucho más práctico de poder contar en la tebeoteca con un único volumen que recoja lo mismo que cuatro, cinco, seis o el número de álbumes que sea, en menor espacio, algo que, al menos por aquí, no sobra.

Afortunadamente, Norma nos lo está poniendo muy fácil en este sentido, y son cada vez más los integrales que oferta a sus lectores, ya para que éstos tengan la opción de realizar esa «actualización» de la que hablaba en el párrafo anterior, ya para poder acceder a material que, descatalogado o no reimpreso desde hace cierto tiempo, es de ese que uno calificaría como imprescindible. Y huelga decirlo, de acuerdo, pero aún así no cuesta empezar a hablar sobre esta continuación de la legendaria ‘La isla del tesoro’ de Robert Louis Stevenson afirmando que el trabajo de Xavier Dorison y Mathieu Lauffray es de esos a los que el citado calificativo le va como anillo al dedo.

La responsabilidad de la precisión con la que ‘Long John Silver’ se ajusta a dicho epíteto descansa casi a partes iguales en la capacidad de Dorison y Lauffray para capturar la épica de los relatos de aventuras en su versión más grandilocuente, consiguiendo ambos artistas que, ya por obra de un guión que es todo un dechado de virtudes si con quien lo hemos de medir es con el texto de Stevenson, ya por un dibujo asombroso que, en ocasiones, juega a una escala que ridiculiza hasta a la más espectacular de las secuencias de la más espectacular de las películas de piratas; vamos, que nada tienen que envidiarle las páginas que aquí vemos a lo que Gore Verbinski ponía en pie en cualquiera de las tres entregas de ‘Piratas del Caribe’, una trilogía de la que este tebeo es claramente deudor.

Tanto es así, tal es la deuda que Dorison contrae con las aventuras de Jack Sparrow —y la que por ende, tiene con el mundo de las historias de aventuras en alta mar—, que desde el comienzo al desatado final de esta grandiosa narración, el lector podrá ir encontrando ciertas conexiones que van desde lo natural en un relato de piratas —hay ciertas señas de identidad de los mismos que casi ningún escritor, sea en literatura, en cine o, por supuesto, en tebeos, ha pasado por alto— hasta préstamos más o menos explícitos de lo que Ted Elliot y Terry Rossio imaginaron en su momento para el excéntrico personaje interpretado por Johnny Depp: cuidado, no estoy diciendo, ni mucho menos, que en el intento por cimentar el regreso del legendario pirata de pata de palo, Dorison haga mucho más liviana la gravedad del mismo y acerque posturas para con la locura y las excesivas maneras del capitán de la Perla Negra, pero sí que hay recursos en los que se ve la clara inspiración de los filmes de la Disney—y no es nada que se le pueda reprochar al guionista dado el impacto que tuvieron éstos en su momento.

Así, la inclusión de un personaje femenino con fuerza, tan ajeno a las historias clásicas y tan propio de las actualizaciones que el cine haría de los relatos de pirata a través de ‘La isla de las cabezas cortadas’ o de ‘Piratas del Caribe’; todo el trasunto con dioses vengativos y tesoros malditos o las sinergias y evoluciones de ciertos personajes, llaman —sin gritar «¡copia!»— a la trilogía basada en una de las atracciones de más éxito de los parques de atracciones de la compañía del ratón. Ahora bien, al César lo que es del César, por todo recurso o idea adoptada de la franquicia cinematográfica, hay una miriada que son exclusivos de Dorison y de los cuatro álbumes que originalmente conformaron ‘Long John Silver’, y ya tan sólo por el tratamiento que el escritor hace del personaje creado por Stevenson, valdría la pena el esfuerzo de adquirir este fabuloso integral que se completa con 46 páginas de ilustraciones de un Lauffray que, en su habitual «irregularidad», nunca ha rayado más alto.

El trazo del artista francés, ora rápido y casi desdibujado, ora preciso y detallista, pero siempre ESPECTACULAR, nos deja algunas planchas que están puestas ahí para que la mandíbula se nos desencaje a poco que no tengamos cuidado de mantenerla bien firme en su sitio: rescatando para sí la manera en que Peter Weir nos mostraba en ‘Master and Commander: Al otro lado del mundo’ cómo narrar la acción en alta mar, tanto lo que sucede a bordo del Neptune —el barco que es protagonista silente de la narración— como lo que acontece en tierra firme da ocasión a Lauffray para ofrecernos un despliegue de talento que, en términos muy llanos, NO.ES.NORMAL. Y claro, con tamaño genio arropando un guión que ya se mueve en unas cotas considerablemente elevadas, insistimos una vez más en esa idea con la que comenzábamos: ‘Long John Silver’ es una lectura imprescindible. Y lo es tanto te gusten las historias de piratas y aventuras, como si ese no es tu género predilecto. Tanto goces del tebeo europeo como si lo tuyo son los superhéroes y nunca has catado el noveno arte del viejo mundo. Sea tu condición la que sea, no puedes dejar pasar la oportunidad de engalanar tu tebeoteca con tan SOBERBIO volumen. Y que quede tuerto si miento…

Long John Silver. Integral

  • Autores: Xavier Dorison y Matthieu Lauffray
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 272 páginas
  • Precio: 37,95 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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