‘La gran odalisca’, aventuras sin freno

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Frenético. Así es el ritmo de producción de Bastien Vivès. Frenético. Desde que le conocieramos con ‘El gusto del cloro‘ hace cuatro años, Diábolo se ha encargado de publicar todo aquello que ha salido de la pluma y la imaginación del más que prolífico autor galo. Un autor que con 29 años parece querer comerse el mercado con una producción que en el tiempo que ha transcurrido desde su primer álbum alcanza ya la friolera de 15 volúmenes (vamos, a cuatro/cinco por año, un ratio que, hasta donde yo sé, casi ningún autor europeo es capaz de alcanzar).

Bien es cierto que su compulsión productora encuentra singular apoyo en la indefinición de su trazo, siendo Vivès tan plenamente consciente de sus limitaciones que se ha hecho fuerte en ellas y ha encontrado la forma de trascenderlas por medio de un virtuosismo narrativo que oculta cualquier posible defecto en la concreción de los personajes que se mueven por sus historias.

Y si hasta ahora éstas habían incidido mucho en el terreno romántico, ofreciéndonos el parisino toda clase de diversas miradas acerca del amor, los últimos títulos del artista han ido abriéndose a otros géneros que van desde el péplum de ‘Por el imperio‘ al humor sangrante y cáustico que está ventilando en los pequeños tomos iniciados con ‘Videojuegos‘ y que ahora incluyen esta aventura desenfrenada que es ‘La gran odalisca‘.

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Nombre del cuadro más famoso de Ingres, ‘La gran odalisca’ es, en pocas palabras, la contrapartida en viñetas de un filme de acción non-stop de esos que cada dos por tres nos encontramos en los cines. Pero, a diferencia del nivel de estupidez supina del que suelen hacer gala los guiones de dichas producciones cinematográficas, los mimbres sobre los que Vivès, acompañado aquí por Florent Ruppert y Jérôme Mulot, asientan su relato sirven para que el desarrollo de la historia se aleje de los parámetros en los que se mueven cintas como ‘G.I.Joe: la venganza‘.

Dichos mimbres basan su efectividad en la terna de mujeres (una suerte de Ángeles de Charlie) que conforman el grupo de ladronas que se disponen a dar el golpe de sus vidas robando el citado cuadro de Ingres de los pasillos del Louvre. Definidas con cuatro pinceladas, las tres féminas animan una función que arranca con un robo en el Museo D’Orsay, continua con una «secuencia» de transición y presentación de personajes, sigue en un surrealista episodio en México y finaliza por todo lo alto con la espectacular puesta en escena del asalto a la mas famosa galería de arte del país vecino.

Con el mismo trazo que ya tanto le conocemos, una narrativa que deja sin respiración en las 40 páginas que se dedican al robo final y un epílogo para mi gusto algo innecesario, ‘La gran odalisca’ entra a formar parte de mi personal Top 3 del autor junto a ‘El gusto del cloro’ y ‘En mis ojos‘. Considerando el frenesí de Vivès en la mesa de dibujo, habrá que ver cúanto aguanta en esa posición.

La gran odalisca

7RITMO NON-STOP
  • Autores: Bastien Vivès, Florent Ruppert y Jérôme Mulot
  • Editorial: Diábolo
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 124
  • Precio: 19,95 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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3 Comentarios

  1. ¿Limitaciones y Bastien Vives en la misma frase? :O

    Este tio dibuja como le da la real gana. Lo de Bastien no son limitaciones, es versatilidad dibujando, que es justo lo contrario.

    • Exacto. Vives dibuja de puta madre, solo tienes que ver sus primeras obras como ‘ellas’ o ‘hollywood jan’, o pasarte por su blog para ver lo bueno que es.
      Lo que pasa es que sintetiza mucho la linea, porque el quiere, no porque sea ‘plenamente consciente de sus limitaciones’…

  2. Yo creo francamente que se está sobrestimando a este chico. Vale, es bueno, y lo ha demostrado en algunos de sus títulos, pero en sus últimas cuatro o cinco obras se limita a hacer cuatro dibujos esbozados, casi como si sólo entregara el storyboard, y todos lo alabamos porque es un genio. Es un poco como Sfar, que sí, que es bueno, pero toda esa efervescente productividad debería concentrarla, en vez de dispersarse tanto.

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