‘La gigantesca barba que era el mal’, exquisito bouquet

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No es que quiera ponerme en plan «abuelo cebolleta» —espero que aún me quede mucho por delante antes de llegar al atardecer de mis días— pero, observando la inmensa oferta que hoy en día tiene el lector de cómics a su disposición uno no puede sentir cierta envidia «sana» por aquellos adolescentes que quieran adentrarse en el mundo del noveno arte por una vía distinta a los superhéroes o el inevitable manga. Una posibilidad impensable hace veinte años que hoy es realidad gracias al esfuerzo de las muchas y muy dignas editoriales que pueblan el mercado español del tebeo.

La firme voluntad de servidor de acercarse a cuanto más de dicha oferta, mejor, es lo que muchas veces me coloca como lector en la satisfactoria posición de poder «hablaros» desde éste, nuestro particular púlpito, acerca de ese título en concreto que no deberíais perderos por nada del mundo. Y hoy le toca el turno a ‘La gigantesca barba que era el mal’, explícito nombre bajo el que se esconde una de las mejores obras que el que esto suscribe ha tenido la dicha de devorar en estos seis meses largos que llevamos consumidos de 2014.

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Debut del ilustrador británico Stephen Collins, ‘La gigantesca barba…’ no podría suponer un mejor comienzo para el joven autor en el mundillo, ya que con una sencillez asombrosa, una narrativa superlativa, un trazo simple a la par que efectivo —impresionante la decisión del artista de que toda la historia se reproduzca directamente de sus lápices— y una historia surrealista en apariencia, lo que el artista consigue es atrapar al lector sin remisión en lo que se desvela como el preciso maridaje entre una directa crítica contra la sociedad y un bello canto a la libertad.

En lo primero, y sin renunciar a mezclar en su relato tintes Kafkianos —con ‘La metamorfosis’ muy presente— con gotas de terror, drama y el fabulado tono que envuelve a todo la narración, ‘La gigantesca barba…’ habla en primera instancia de la necesidad del individuo en éste mundo que nos ha tocado vivir de reclamar para sí lo que en él hay de diferente, separándose así de la masa adocenada y grisácea que relega al destierro aquello que no comprende.

Con la metáfora —quizás algo simplista, pero efectiva a manos llenas— de ese AQUÍ en el que vive el protagonista y que lo aprisiona y ahoga y el ALLÍ misterioso e inexplorado que quizás sea capaz de ofrecer lo que éste anhela, Collins concreta el que es primer nivel de una lectura que va desvelando sus capas de contenido conforme nos adentramos en sus fascinantes páginas. Huelga decir que desde aquí os insto a que os paseéis por ellas y deis una oportunidad a la que, muy probablemente, terminará formando parte de nuestra lista de lo mejor del 2014.

La gigantesca barba que era el mal

  • Autores: Stephen Collins
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas:252 páginas
  • Precio: 23 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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4 Comentarios

  1. Hola, Sergio:
    Pues mira que cuando la he visto en la estantería de la tienda no me ha llamado mucho…
    Pero creo que después de tu recomendación quizás acabe cayendo.
    Saludos y buen fin de semana.

    • Pues te digo lo que suelo decir en estos casos, que me cuentes (en caso de terminar pillándolo) qué te ha parecido Winch (que digo yo que, si no te importa, me podrías decir tu verdadero nombre, ¿no? 😛 )

  2. Jajaja.
    Por la foto pensé que lo habrías adivinado. Mi nombre es Blueberry…

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