‘La casa. Crónica de una conquista’, tesis por partida doble

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“Quiero enseñarle a la gente lo que se puede hacer con la narración gráfica, con la imagen. Que temas tan técnicos como la sociología, la arquitectura y la vida cotidiana se pueden abordar desde el cómic. He escogido esa opción y quiero demostrar que con lo que yo trabajo, con el cómic, se puede afrontar cualquier tema. El cómic sirve para cualquier cosa.”

En la entrada correspondiente a lo mejor que 2015 nos dejaba en lo que a tebeos españoles se refiere, apuntaba en el breve espacio de seis líneas tres sucintos comentarios que, en términos muy generales van a servir para vertebrar en cierto modo la reseña que hoy acometemos sobre ‘La casa. Crónica de una conquista’, el enorme volumen de casi 600 páginas que ha mantenido ocupado a Daniel Torres los seis años que separan a ‘Burbujas’, la última obra que pudimos leerle en 2009 de este tratado sobre la vivienda que, al analizar el lugar dónde habitamos, termina por convertirse en un estudio concienzudo sobre una buena parte de lo que nos ha hecho humanos desde que nuestra especie comenzó su andadura por la faz de éste planeta hace millones de años.

El primero de esos tres comentarios es precisamente lo mucho que habíamos echado en falta la presencia del autor tras la publicación de su magnífica primera novela gráfica. Un trabajo sobresaliente que Norma recogía en el volumen número 15 de la imprescindible colección Nómadas —probablemente el sello de la editorial que más alegrías personales me ha dado en la última década— y en el que se Torres se sometía a un proceso de reinvención de su narrativa en un formato mucho más prolongado que las historias de Roco Vargas que le habían otorgado en buena parte el nombre que ostentaba hasta entonces o las dos partes de ‘El octavo día’ por las que se hizo acreedor del premio a Mejor Obra Española en el Salón del Cómic de Barcelona.

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Con el increíble nivel que Torres demostraba atesorar en las páginas de ‘Burbujas’, supongo que no seré el único que, a cada vez que se acordaba, revisaba las noticias del mundillo para intentar dar con alguna referencia a aquello que tenía al artista valenciano completamente ocupado como para no parir ninguna obra. Entonces, de repente y sin avisar, llega ‘La casa’. Y de un plumazo queda resuelto el enigma que rodeaba a la ausencia del autor. Una ausencia que ha tomado forma en un volumen que, como reza el titular, cabría calificar como tesis doctoral de carácter multidisciplinar en la que, afirma el autor, se han invertido tres años en trabajos de documentación exhaustiva y otros tres de muchas horas delante del tablero de dibujo.

Y todo por una propuesta que salía de boca del editor de Norma en 2008 “He pensado, no sé cómo lo ves, que podríamos hacer un libro que hablase de qué es la casa, de dónde viene la casa”. Una idea que daba el pistoletazo de salida a uno de los volúmenes de tebeos más impresionantes a los que este redactor ha tenido la oportunidad de asomarse a lo largo de su extenso recorrido como lector: pocas veces en mi vida de “tebeofilo” me he encontrado ante unas páginas que hablaran de tantas cosas al mismo tiempo, que se establecieran en unos parámetros de tan asombrosa elocuencia gráfica, exudaran tanta pasión por el medio al que pertenecen y hablaran con tanta categoría y firmeza sobre esa lúcida reflexión con la que encabezamos este artículo. Una reflexión nada ajena a lo que en incontables ocasiones servidor ha hecho por estas líneas y que viene a reafirmar, con el superlativo respaldo que supone la potencia del presente volumen, el histórico momento que vive el noveno arte.

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El entendimiento que de éste tiene Daniel Torres, es uno de los hilos fundamentales con los que aproximarse a un análisis de las páginas de ‘La casa’. Decía antes que este volumen es una tesis de carácter multidisciplinar y lo afirmaba por cuanto sus páginas son un crisol inmenso en el que se dan cita disquisiciones que van desde la arquitectura a la antropología pasando por la filosofía, la sociología, la economía o la ciencia, observadas todas ellas desde la mirada de un artista gráfico en el que se conjugan las infinitas herramientas de la narrativa secuencial con la dilatada experiencia que el autor ha acumulado a lo largo de los años como diseñador. A todo ello se une una voluntad de servir al tiempo tanto de muestrario de las posibilidades del noveno arte como de fervorosa loa a la evolución que éste ha sufrido a lo largo del tiempo, plasmando Torres lecturas metareferenciales como aquella que le lleva, en el capítulo dedicado al Chicago de finales de la segunda década del s.XX, a concretar las páginas como si de una tira dominical de la época se tratara.

El resultado es un tratado apasionante y apasionado, un recorrido que empieza a orillas del río Jordán en el 1.200 A.C y que termina en 2015 y en el que el lector es retado de forma constante a ir asimilando la miríada de propuestas diferentes por las que Torres va discurriendo sin nunca perder de vista su más que reconocible estilo. Unas propuestas que experimentan con la estructura de la página de formas para las que el epíteto alucinante se queda corto y que nunca se cansan de explorar soluciones arriesgadas con las que trasladarnos las muy variadas ideas que se van exponiendo en el transcurso de la narración: páginas cuyas viñetas son hojas de un árbol, túneles y estancias de una mina o el parabrisas de un coche; páginas de texto con ilustraciones aclaratorias que parecen sacadas de cualquier libro de historia unidas a otras con una única y bellísima estampa en las que se aprecian un colosal trabajo tanto de esa documentación de la que hablábamos antes como del uso de una imaginación fértil que llena huecos allí donde los haya y nos lleva de la mano de forma inequívoca en cada momento a la época histórica de turno; planchas en las que las viñetas se enmudecen cuando así es necesario para dar paso después a otras en la que los diálogos no podrían ser más precisos y locuaces.

El nivel de detalle de incontables páginas de 'La casa' es ASOMBROSO

El nivel de detalle de incontables páginas de ‘La casa’ es ASOMBROSO

A través de todas ellas, diserta Daniel Torres a placer sobre la forma y el contenido de ‘La casa’, ofreciendo un fascinante análisis que, construido sobre nombres ficticios —todos los personajes históricos que aparecen son inventados sin que nunca lo parezcan, y hasta hay enlaces a falsas páginas web que de no comprobarlo podrían pasar por reales—, alcanza tales cotas en todos los terrenos que aborda, que ahora sí me encuentro en plena disposición de afirmar con rotundidad aquello que me apuntaba en el resumen de lo mejor de 2015: ‘La casa. Crónica de una conquista’ no sólo fue el MEJOR CÓMIC ESPAÑOL de los pasados doce meses, es una OBRA MAESTRA sin paliativos de una disciplina que gracias a ella ha dado pasos de gigante para afianzar sobremanera su posición como la forma de narración que, muy probablemente, pasará a la historia como aquella que mejor representó a este siglo XXI.

Una centuria ésta que, todavía en su adolescencia, nos sigue planteando retos habitacionales a los profesionales de la arquitectura y el diseño que tengamos que dar respuesta física a las cambiantes necesidades de nuestra tecnificada especie. Unos retos que encuentran muy plausibles hipótesis en el las páginas que cierran esta magna obra, únicas en las que Torres se atreve a conjeturar sobre el futuro de la vivienda abriendo la puerta al siguiente y fascinante capítulo en el no menos fascinante cosmos que encierran esas cuatro paredes que llamamos hogar. Un espacio tan mutable como nosotros mismos que, como bien dice la cita de Kipling que clausura la lectura, “no dice sino la verdad de quienes han vivido en él”.

La casa. Crónica de una conquista

  • Autores: Daniel Torres
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 576 páginas
  • Precio: 47,03 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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