‘Juan Buscamares’, ciencia-ficción en clave étnica

Publicados previamente por Norma en su colección Pandora entre 1997 y 2003, los cuatro álbumes de ‘Juan Buscamares’ son exponente máximo de la historieta chilena y aunque cuando los cuajó, la treyectoria de Félix Vega era breve, y esa bisoñez se acusa sobremanera en según que parámetros queramos valorar de este relato de ciencia-ficción, es incuestionable que, a nivel gráfico, lo que aquí nos encontramos es de una altura formidable que mira a algún que otro punto cardinal clave del tebeo europeo pero, al tiempo, encuentra personalidad suficiente para alzarse como todo un constante logro visual de este artista hijo de artistas.

Si el estilo de Vega es reminiscente del de Milo Manara, y en él se adivinan también ciertas influencias de Serpieri y su ‘Druuna’ —tanto en la voluptuosidad de sus hembras como en la ambientación del relato—, es en el discurso que el artista enhebra donde resulta mucho más sencillo rascar todo aquello que se hereda de otras localizaciones, ya de la propia ciencia-ficción, ya de lugares comúnmente asociados a ésta como la religión. Así, el tono mesiánico que rodea al personaje o la alusión sin rodeos al bautismo o a la crucifixión que se plasman, respectivamente, en el primero y el segundo de los cuatro álbumes, se vierten en el mismo crisol al que van a parar las nada desdeñables tonalidades a lo ‘Mad Max’ —referente absoluto cuando el género mira a mundo post-apocalípticos—, los escarceos con la obra de Katsuhiro Otomo y una adición que, foránea al mundo del noveno arte, es la que mejor termina cualificando a ‘Juan Buscamares’, la fuerza con la que el relato se ata a la idiosincrasia y la mitología chilena.

Tratando de universalizarla mediante la natural manera en la que subyace a lo largo de toda la narración —desde su primera a última página— la mágica tradición chilena impregna el avance de una historia que en no pocas ocasiones, y por motivos que no tienen nada que ver con su inclusión, se antojan complejos y alienantes, como si Vega quisiera posicionarse con autoridad a la altura de otro conocido compatriota suyo —Jodorowsky, claro está— y no fuera consciente del oscurecimiento al que somete la aprehensión de la lectura. Ahora bien, si nos alejamos un paso, pasamos por alto el complicado desentrañado de la onírica de los cuatro álbumes, no echamos mucha cuenta a los varios Deus Ex Machina que hacen avanzar la trama cuando ésta parece que se atasca sin remedio, e ignoramos, aquí y allá, lo pretencioso y vacuo de ciertos diálogos, resulta evidente que la mejor manera de disfrutar de forma más o menos plena de ‘Juan Buscamares’ es atendiendo a la generalidad de los acontecimientos y a la maravillosa forma en la que éstos son plasmados en unas planchas fecundas y portentosas.

La claridad de Vega a la hora de trasladar al papel las ideas que bullen en su cabeza, la precisión de su trazo y el claro talante cinematográfico en el que se arropa todo el conjunto, plagado como está de viñetas en «formato panorámico», convierten al discurrir de nuestra mirada sobre las más de doscientas páginas aquí recogidas en un ejercicio de constante éxtasis visual. Cierto es que no soy muy defensor del tebeo como hecho artístico en el que el divorcio entre forma y contenido sea evidente, pero cuando el primero es del calado del que aquí contemplamos y el segundo es modesto —que no molesto—, uno no tiene más remedio que «tirar palante» y dejarse llevar por la evocadora poesía de unas ilustraciones a las que no cabe tachar de menos que maravillosas.

Juan Buscamares

  • Autores: Félix Vega
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 216 páginas
  • Precio: 28,50 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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