‘Istrati 1. El vagabundo’, descubrir

‘Istrati’ ha supuesto, en lo personal, un doble descubrimiento. Por un lado, ha servido para que conozca a Golo, el sobrenombre de Guy Nadaud, un artista francés hasta ahora desconocido en nuestro país y del que este primer volumen de la biografía de Panait Istrati es inicial y contundente toma de contacto. Por el otro, el monumental trabajo de documentación e investigación del guionista y dibujante sirven para dar aliento a la figura del personaje objeto de tan ambicioso proyecto, un escritor rumano de origen griego que con el francés como principal lengua fue, según parece, muy popular en su momento y un nombre de cierta relevancia en el movimiento realista de comienzos del siglo XX en tanto que reflejo del realismo comunista del que Gorki, con el que se le comparaba, sería máximo exponente.

Más allá de datos que pueden o no conducir a ubicar someramente la época y situación socio-política de la que estamos hablando —aunque ya os aviso que, a no ser que seáis medio expertos en lo que a oriente próximo y Unión Soviética se refiere, la idea que os podáis hacer será, probablemente, muy vaga—, resulta incuestionable que la intensidad con la que Golo se empeña en trasladarnos el espíritu concreto de ese tiempo y esos lugares que recorrió Istrati, es más que suficiente no ya para que podamos llegar a hacernos una composición de lugar de los mismos, sino para que terminemos manejando datos muy concretos sobre acontecimientos históricos que, al no tener repercusión mundial, quedan acotados en los terrenos destinados a los ratones de biblioteca amantes del concreto periodo que sirve de fondo a esta biografía del escritor.

Una biografía que, ante todo, y por más que se sirva en ciertos instantes de sucesos registrados en los libros de historia, centra toda su atención en Istrati y, sobre todo, en definirlo, no tanto por lo que se pone en boca suya —que visto de alguna manera es absolutamente todo ya que el grueso de la narración es un enorme flashback en el que un amigo del autor cuenta a una periodista una conversación, o muchas, en las que el rumano le trasladó a éste gran parte de su vida— sino por lo que queda reflejado en el coral reparto de secundarios que ayudan a definirlo: haciendo suyo ese realismo del que fue activista Istrati, Golo no escatima esfuerzos en que todos y cada uno de los miembros de su «producción» tengan un peso muy específico en ir amueblando la cabeza de su personaje central, y la enorme dimensión que él va adquiriendo es tanto más grande cuanto mayor es el esfuerzo de Golo porque el acompañante «de turno» quede descrito hasta sus últimas consecuencias.

Con dos de esos «secundarios» como mayores logros en cuanto a descripción y, sobre todo, carisma —porque lo de Codin es maravilloso…ya lo conoceréis si os acercáis, y deberíais, a este volumen—, y con una, en ocasiones, desmandada superabundancia de diálogos que pueden llegar a dificultar el normal fluir de la historia, si ésta termina haciéndolo como lo hace es por intercesión del dicharachero estilo narrativo de Golo, que prescinde por completo de viñetas tradicionales, liberando a sus páginas de una estructura encorsetada, y hace del blanco y negro enérgica y a la par discreta arma para que el cómo (se cuenta) nunca llegué a sobrepasar al qué (se cuenta). Unamos a esta modestia la claridad de su trazo, en el que cabría encontrar equidistancias con David B. o Christophe Blain, y lo que obtenemos son unas páginas pensadas para que el lector lo tenga más fácil a la hora de asimilar la ingente cantidad de información que se le transmite en una obra que requiere de una lectura pausada, dejando que la digestión de todo lo que se nos ofrece se produzca con calma. Si así lo hacen, queridos lectores, les aseguro que lo que este primer volumen de ‘Istrati’ les propone, les dejará tremendamente satisfechos.

Istrati 1. El vagabundo

  • Autores: Golo
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 272 páginas
  • Precio: 25,65 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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