‘Incógnito. Integral’, atracción por el lado oscuro

Decir que ya habían coqueteado previamente con la idea sería quedarnos cortos: tanto en su maravillosa ‘Sleeper’ como en lo que ya se había podido ver de ‘Criminal’, Ed Brubaker y Sean Phillips habían tratado sin ambages ni circunloquios con personajes alejados por completo de la luz que suele envolver a los superhéroes, ya por contar con individuos con habilidades especiales que se movían en áreas muy grisáceas, ya por hacerlo con protagonistas extraídos con pico y pala del asfalto y puestos en valor gracias a la maestra mano de un guionista que, si de algo sabe, es del género negro.

Así las cosas, era sólo cuestión de tiempo que Brubaker se dejara de medias tintas y volcara su saber hacer en la composición de un villano en toda regla que, por avatares del destino, se encontrara en una situación de esas que a uno sólo se le ocurriría atribuir al genio de Bethesda y que, en cierto modo, tendía algún que otro puente a la premisa de partida bajo la que el escritor había dado pistoletazo de salida a ‘Sleeper’: si en la cabecera de Wildstorm el agente Holden Carver se integraba en una organización criminal para comprobar con horror como su único contacto con la ley caía en un coma, en ‘Incógnito’ lo que encontramos es un protagonista completamente amoral y carente de empatía para con la gente sin poderes que, para salvar el pellejo, se ve obligado a ingresar en el programa de protección de testigos tras haber aportado información sobre alguno de sus colegas de fechorías.

Tan ingenioso giro de tuerca no es sino la punta de un iceberg que guarda la que quizás sea su mejor baza en el hecho de que el cómic venga encabezado por un personaje que debería sernos antipático a todas luces por ser un sociópata de tomo y lomo pero que, tras muy pocas páginas, deja entrever un carisma a prueba de bombas que, marca de la casa, haga imposible detestarlo por más que sea deplorable, deleznable, execrable y todos los “-able” —con matices peyorativos, claro— que a uno se le puedan ocurrir.

Con gran parte del trabajo que corona a ‘Incógnito’ como un tebeo sobresaliente hecho simplemente por que Zack Aniquilante sea tan odioso como atractivo, si algo ponen en evidencia las más de 350 páginas de que consta este integral publicado por Panini, es que Brubaker no se relaja ni un sólo instante, sabedor como es de que la mejor y más cojonuda de las ideas puede venirse abajo cual castillo de naipes si carece, no ya de unos buenos cimientos —que los tiene— sino de un armazón bien solapada que vaya amarrando bien toda la estructura.

‘Incógnito’ tiene ese armazón. Y lo tiene en la forma de unos secundarios asombrosos —no sé con cuál me quedaría, si con esa mujer de vuelta de todo que es Zoe Zeppelin o con el villano inmortal y aún más amoral que es Muerte Negra—; de un desarrollo de la acción que siempre tiene en vilo al lector, que lo mantiene intrigado soltando el mínimo lastre capítulo tras capítulo; de una construcción caracterizada por un tempo in crescendo a la que es imposible anticiparse por más que uno pueda estar acostumbrado a leer historias de corte negro y, por supuesto, en un Sean Phillips que, una vez más, demuestra que nadie mejor que él para dar vida hasta a la idea más loca de Ed Brubaker.

No quiere esto decir que Steve Epting no hiciera un buen trabajo —un magnífico trabajo— al frente de ‘Capitán América’, la cabecera Marvel que Brubaker puso patas arriba, o que Michael Lark no hiciera lo propio con la enorme ‘Gotham Central’; antes bien, si algo hay que precisar es que no es demérito de Epting o Lark, sino mérito de Sean Phillips el convertirse en pieza de incuestionable valor a la hora de traducir las necesidades de un guión como el que aquí se encuentra. De hecho, es la posición alejada de los cánones de narración del tebeo de superhéroes lo que permite a Phillips colocarse como el artista que mejor ha sabido entender la forma más precisa de trasladar las palabras de Brubaker a viñetas secuenciadas. Puede que su estilo parezca sencillo, pero lo cierto es que, conforme han ido pasando los años y se han ido sucediendo los proyectos, esa falsa sencillez se ha ido cargando de manera paulatina de más y más contenido, ya en las formas narrativas, ya en la manera en la que el artista controla, con cuatro trazos mal contados, la configuración de sus personajes.

Quizás la única traba que antepondría, de forma muy discreta, a toda la grandeza que envuelve a ‘Incógnito’ es que, dado el final que nos reserva la lectura, completamente abierto, Brubaker y Phillips no hayan sabido —o querido, que es lo más probable— ofrecer un cierre a las aventuras de Zack Aniquilante. No perdemos la esperanza, claro, pero tras casi una década, resulta difícil pensar que los artistas retomarán en algún momento el hilo allí donde lo dejaron. Sea como sea, final abierto o no, lo que resulta incontestable es que ‘Incógnito’ es un trabajo superlativo a la altura de todo lo mejor que ha salido de la imaginación de Brubaker y los lápices de Phillips.

Incógnito. Integral

  • Autores: Ed Brubaker y Sean Phillips
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 368 páginas
  • Precio: 33,25 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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