‘Hauteville House. Zelda’, mediocre ucronía steampunk

Como buen amante de la ciencia-ficción que me precio ser, adoro las historias del género que se mueven en los terrenos de las ucronías y me encanta ese sesgo de las mismas que incluyen pinceladas de steampunk. Soy consciente de que la unión de ambos factores no es una que se dé en numerosas ocasiones y que, sólo por el esfuerzo de hacerlo posible, habría que valorar de forma muy positiva a ‘Hauteville House’ antes incluso de acometer la lectura del primer integral que Yermo nos ofrecía hace cosa de cuatro meses. Pero, como suele decirse en español, «del dicho al hecho hay un trecho» y no creo muy «profesional» dejarse cegar por la pasión por determinado tipo de relatos hasta el punto de ser incapaz de atender a las muchas taras que pueda arrastrar el mismo. Y creedme cuando os digo que, aún con ciertas notas positivas que ahora pasaremos a comentar, la lectura ‘Hauteville House’ es un ejercicio de resistencia que, en última instancia, no devuelve al lector las correspondientes satisfacciones.

Entre sus contadas ventajas, qué duda cabe, la audacia de Fred Duval de situar la acción un par de décadas más tarde de la guerra que enfrentó a Estados Unidos y México. Con el país centroamericano en pleno desarrollo de su identidad, reforzada por victorias como las de El Álamo, Duval nos adentra en un mundo completamente diferente al que habríamos de encontrarnos de poder viajar en el pasado. Un mundo en el que las máquinas de vapor y ciertos repuntes de tecnología dominan los medios de transporte y las cruentas batallas armadas y en el que un grupo de personajes persigue denodadamente hacerse con una gema que, confundida inicialmente con el mítico El Dorado, resulta ser un tesoro de los aztecas con un poder destructor incalculable.

Que mimbres tan atractivos e ingeniosos terminen siendo utilizados de forma pobre y atribulada, no es tan desafortunado como el que la elección del dibujante que ha de plasmarlos en viñetas sea la de Thierry Gioux: suerte de Didier Tarquin venido a mucho menos, el artista francés patina en los dos ámbitos fundamentales que conforman lo que servidor considera fundamental para empezar a hablar de un buen tebeo. En primer lugar, una narrativa coherente, que tenga lógica discursiva interna y que no imprima saltos de una viñeta a otra que carecen de sentido. En segundo, un correcto control de la figura humana, de sus proporciones, de su expresividad y de cómo hay que representarla según el escorzo que se elija para cada viñeta. Fallando —no estrepitosamente, pero fallando a fin de cuentas— en ambos extremos, Gioux saca a este redactor a empellones de la posibilidad de disfrutar de lo propuesto por Duval, hiriendo de muerte a lo que, como decía, podría haber sido una lectura que, al menos, rozara lo entretenido y correcto.

Hauteville House. Zelda

  • Autores: Fred Duval & Thierry Gioux
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 210 páginas
  • Precio: 38 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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