‘Guernica’, el arte del horror

No se puede hablar del uno sin pensar, casi de manera automática, en el otro. Y es éste un argumento que funciona de manera biunívoca: no podemos nombrar al pueblo de Guernica sin pensar en el famoso lienzo de Pablo Ruiz Picasso; y no podemos departir sobre el inmortal pintor malagueño sin que por nuestra memoria visual asome la forma en la que el artista plasmó los horrores que se vivieron en la localidad vasca cuando, un 26 de abril de 1937, y tras ocho meses de guerra fratricida, sus calles, casas y habitantes fueron bombardeados de manera sistemática y cruenta por las fuerzas sublevadas contra el gobierno de la república. Aquel día, que vivirá en la infamia por ser la primera vez que un ataque aéreo arremetió contra civiles, es el que sirve de base a Bruno y Corentin Loth para plantear ‘Guernica’, un acercamiento intenso y por momentos desgarrador, ya a lo que se vivió en el pueblo, ya a lo que en ese momento transcurría a muchos kilómetros de allí, en el París donde Picasso, sin saber, está a punto de embarcarse en la realización de su obra maestra.

La arrítmica alternancia entre una y otra es, sin lugar a dudas, una de las mejores bazas de cuantas juega Loth —Bruno, Corentin se encarga de las labores de coloreado— para captar la atención del lector: en los primeros compases, mientras presentan a los personajes, la narración va pasando de Guernica a París, de París a Guernica hasta que, en el momento del funesto día del bombardeo, la ciudad de la luz queda relegada a una necesaria espera para poder dar el espacio que se merece a las varias voces que conforman la coral del pueblo vasco. Una vez allí, el autor no escatima en ser dolorosamente cruento si así lo cree conveniente, y sus viñetas, al margen de trasladarnos de manera precisa y directa, el dolor, el sufrimiento y el horror que se tuvo que vivir durante aquellos instantes, juegan a servir de estudio previo a algunos de los motivos más identificables de cuántos conforman el enorme lienzo de Picasso.

Al malagueño y a su compulsión por plasmar en óleo la barbarie sufrida por sus congéneres es a quién dedica Loth los últimos acordes de la lectura, unos en los que se nos traslada las diversas fases por las que pasó el Guernica antes de llegar a la pintura que todos tenemos en mente, en los que descubrimos la vital relevancia que tuvo Dora Maar—musa y amante del artista—en la configuración final del cuadro y en los que el dibujante trata de capturar la fuerza de la naturaleza que era el inmortal pintor español. Consiguiéndolo de manera sorprendente, es ‘Guernica’ un fresco histórico de incuestionable eficacia que nos permite viajar, desde la perspectiva de una realidad ficcionada, a un instante que demuestra que hasta del peor de los horrores imaginables es capaz el hombre de extraer una de las obras de arte más singularmente importantes de la historia.

Guernica

  • Autores: Bruno y Corentin Loth
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 24 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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