‘Grandes autores de Vertigo: Paul Pope’, de pata negra

Paul Pope es un autor por el que siempre he sentido especial debilidad, desde que lo descubrí a través de obras como ‘Heavy Liquid’ y ‘100%’. Lo primero que llama la atención de su obra es su peculiar estilo gráfico. Un estilo que engloba multitud de influencias —desde el underground al mainstream, pasando por el cómic europeo y el manga—, con enérgicos trazos de pincel que lo hermanan con autores tan variopintos como Jack Kirby, Moebius y Frederik Peeters. Un estilo que funciona de maravilla tanto en blanco y negro como acompañado por sugerentes paletas de color, especialmente aquellas que apuestan por colores cálidos e incluso chillones. Un estilo que alcanza la plenitud en la expresividad de sus personajes, conseguida a través de sus rostros, de su lenguaje corporal, e incluso de su vestimenta. Un estilo, por último, que no busca la limpieza en el trazo, sino el mayor dinamismo y espontaneidad posibles.

Pero a Paul Pope no se le recuerda solamente por su faceta de dibujante, sino también por sus trabajos como autor completo. Su forma de escribir es excelente, y en sus cómics suele mostrar su preferencia por la ciencia-ficción y por explotar la vertiente introspectiva de sus personajes. Aspectos de los que encontramos ejemplos en este tomo de la indispensable colección ‘Grandes autores de Vértigo’. Las diversas historias cortas contenidas en él son una magnífica carta de presentación de Pope, tanto de sus trabajos en solitario como de aquellos en los que ilustra guiones ajenos. El volumen arranca con la curiosísima historia real del publicista Harry Reichebach, donde se recrean algunas de sus anécdotas más famosas en riguroso blanco y negro, y con abundante carga de texto. A continuación, Pope une fuerzas con Paul Jenkins para contarnos un breve relato navideño protagonizado por John Constantine. Después, llega “Mente minada”, escrita por Bruce Jones. Posiblemente, la historia más compleja de este volumen, la que más cosas cuenta en menos espacio, y la que ofrece una atmósfera más singular y enrarecida.

A continuación, volvemos al blanco y negro para conocer la historia del glam rock, a través de músicos tan célebres como David Bowie, Alice Cooper e Iggy Pop. Nadie mejor que Paul Pope para plasmar en viñetas la particular estética de esta corriente del rock. Después, un brevísimo episodio del joven ayudante de biblioteca Danny Nod, escrito por Bill Willingham, y a continuación un western con tintes sobrenaturales titulado “Historia increíble”, que funciona muy bien hasta su brusco desenlace. El tomo se completa con las cuatro historias que formaron parte de ‘Solo’, una serie de monográficos que publicó Vertigo a principios del nuevo milenio, dedicados a autores como Tim Sale, Scott Hampton y, por supuesto, Paul Pope. En su momento los publicó Planeta en grapa, pero es de agradecer que poco a poco se vayan recuperando. En el caso de Pope, que se encontraba en uno de los momentos álgidos de su carrera cuando escribió y dibujó las historias de ‘Solo’, nos ofrece una reinterpretación del mito de Teseo y el Minotauro, su particular visión de Omac (el curioso personaje creado por Jack Kirby), y dos magníficas historias de corte más realista, que a la postre resultan ser las mejores de todo este volumen: “Monstruo fantasma de tamaño real” y “En esta esquina”. Para rematar, otras dos estupendas historias cortas enmarcadas dentro de la ciencia-ficción, en las que Pope se luce como dibujante. La primera está protagonizada por piratas espaciales y cuenta con guion de David Lapham, y la segunda, de corte post-apocalíptico, nos narra un singular enfrentamiento deportivo entre dos robots. Culmina así un tomo en el que no sobra ni una sola de sus historias.

Grandes autores de Vertigo: Paul Pope

  • Autores: VV.AA.
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112
  • Precio: 13,50 euros

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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