‘Ether. La muerte de la última Llama Dorada’, único, inclasificable y genial

Matt Kindt no para. “Arquitecto” fundamental en la espléndida etapa que está viviendo Valiant y artífice directo de dos de sus mejores series, ‘Rai’ y ‘Divinity’ —a las que es muy probable que haya que añadir en breve la nueva cabecera de ‘X-0 Manowar’ si en algo vale el asombroso arranque que ésta ha tenido con sus dos primeros números—, el dibujante y guionista también saca tiempo para llevar para adelante de forma completa en Dark Horse su personal y fascinante ‘Dept H’ y, por si eso no fuera suficiente, se sacaba de la manga el año pasado, también para la editorial del caballo negro, esta ‘Ether’ que hoy ocupa nuestro tiempo.

David Rubín no para. Con los pies bien asentados en su España natal, y con una presencia al otro lado del charco cada vez más respetada, el dibujante gallego alterna trabajos a ambos lados del Atlántico, y el año pasado pudimos leerle, aquí, la asombrosa ‘Gran Hotel Abismo’, esa novela gráfica cargada de significado que se colaba sin despeinarse entre los 16 mejores títulos que el tebeo español daba durante 2016 y, allí, las alucinantes páginas que conjugaba para esta ‘Ether’ que hace pocas semanas alumbraba Astiberri en una de esas cuidadas ediciones en tapa dura a las que nos tiene más que acostumbrados.

Matt Kindt y David Rubín. Por separado no paran, juntos son imparables. Y no hay mejor muestra de ello que aquello a lo que nos podemos asomar en esta serie de fantasía de nuevo acuño que, a caballo entre dos mundos, el nuestro y el que le da título al volumen, una tierra de fantasía en el que la magia y lo imposible están al orden del día, sigue a Boone, un explorador interdimensional fascinado por todo lo que hay en ese lugar en el que cualquier cosa es posible. Bajo tan fascinante premisa de partida que, en una forma u otra, no es la primera vez que vemos en cómic —sin ir muy lejos, ahí está la desopilante ‘I Hate Fairyland’ de Skottie Young—, subyace el buen hacer de un Kindt que deja volar su imaginación para hacer de Ether un lugar al que, leída la cabecera mes a mes, uno está deseando volver.

Y si eso es así, y con tanta intensidad se vive la lectura de cada número, es bien evidente que más allá de los planteamientos del guionista, de la forma en la que describe a sus personajes —lo de la criatura de aspecto simiesco que guarda el portal entre ambos mundos es brillante aunque no tanto como lo que concierne a Boone o al villano de la función— y del ritmo que imprime a fuego en cinco números que se pasan en un suspiro, es debido a la maestría sobre el tablero de David Rubín: mucho ha llovido desde que el de Ourense nos sorprendiera a aquellos que lo descubrimos con ‘La tetería del oso malayo’, pero por mucha agua que haya caído desde entonces si hay algo que, aun mutado, permanece inmutable —si es que tal cosa es posible— eso es el estilo de dibujo, su capacidad narrativa y el talento que derrocha a la hora de diseñar personajes y colocarlos en entornos que, no por ajenos, resultan menos familiares.

El choque de tanto talento da como resultado un tebeo asombroso, lleno de rincones en los que detener la vista y de lugares en los que regocijarse por el mero hecho de tener la fortuna de estar asomándose a ellos. Porque sí, porque hemos de sentirnos afortunados de que, en medio de toda la maraña de superhéroes que no van a nada y de las enésimas franquicias derivadas del cine que tampoco llegan a mucho, haya lugar en el panorama yanqui para cabeceras que son una celebración palpable del noveno arte. ‘Ether’ lo es, y lo es a una altura tal que debería ser punible el dejarla pasar. Y tú no quieres que te castiguemos, ¿verdad?

Ether. La muerte de la última Llama Dorada

  • Autores: Matt Kindt & David Rubín
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 136 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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