‘Ernie Pike. Reportero de guerra’, senderos de gloria

No necesitan presentación, pero aún así, ahí va. El primero, guionista legendario donde los haya, es el autor de uno de los relatos de ciencia-ficción más influyentes de la historia tanto del género como del medio en el que fue publicada y, a día de hoy, tantas décadas después de su aparición, se la sigue estudiando con inusitado interés y cada nueva aproximación a ella desvela capas y más capas de significado y un talante que tiempo ha trascendió lo meramente magistral. El segundo, guionista y dibujante al que el apelativo de leyenda del noveno arte tal vez se le quedó corto tiempo ha, nunca dejará de sorprendernos con cada nueva edición que se hace de su extenso catálogo, pertenezcan éstas o no a las aventuras de cierto marinero que se ha convertido, por derecho propio, en uno de los mayores iconos del tebeo europeo y, por qué no, del universal.

Huelga decir, porque para algo figuran sus nombres en la portada del volumen que hoy nos ocupa, que estamos hablando de H.G.Oesterheld, el argentino que nos llevara por los recovecos de una invasión extraterrestre en ‘El Eternauta‘ y, por supuesto, de Hugo Pratt, un italiano que con Corto Maltés sigue excitando la imaginación de los lectores años después de su desaparición y cuya memoria continuan honrando Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero con las nuevas y maravillosas aventuras del flemático personaje.

Si por separado cualquiera de ellos ya sería justificación más que suficiente para arrastrar a este redactor a la compra y lectura del volumen que fuera, el encontrarlos juntos en este ‘Ernie Pike‘ conforma uno de los hitos indiscutibles de la historia de la publicación de tebeos de este 2020, máxime cuando nos encontramos con un volumen editado con un gusto tremendo y un mimo extremo por parte de Norma: sus casi 400 páginas, impresas en papel mate de buen gramaje, se enriquecen con un extenso artículo introductor previo que, de lectura imprescindible, sirve para que los neófitos —y no tan neófitos— tengan una idea muy clara, no ya de quiénes fueron los autores, sino de la importancia capital que ‘Ernie Pike’ tiene en la historia del noveno arte.

Si bien el personaje es un elemento recurrente de la narración —en la página superior lo vemos como parte integrante de la misma con el rostro de Oesterheld, un detalle que pasará por alto quién nunca haya visto una foto del escritor o, en su defecto, se salte la lectura del prólogo de este libro— Ernie Pike, un reportero de guerra, no es más que la excusa que Oesterheld y Pratt, codo con codo, necesitan para hablar de la guerra desde múltiples ángulos que concurren en arrojar una y sólo una constante reflexión acerca de cualquier contienda bélica: lo absurdo de las mismas y la execrable pérdida de vidas y recursos que han supuesto, a lo largo de la historia de la humanidad, todos los escenarios en los que naciones «enemigas» han enviado a sus generaciones más jóvenes a batallar en aras de a saber qué excusa.

Resonando a la perfección con el discurso que Kubrick entonara en la que, en humilde opinión de este redactor, es su obra maestra —de ahí el título de la entrada, por si alguien se lo estaba preguntando—, el argumentario de Oesterheld y Pratt queda plasmado una y otra vez, sin que existan bandos, ni buenos ni malos, por historias a uno y otro lado de la Segunda Guerra Mundial o, en menor medida, de la de Vietnam: la insistencia de los autores en que poco importaba la afiliación a una ideología u otra, en cualquier lugar había una historia que contar que pusiera de relieve lo innecesario y dramático de la guerra, consigue en la inmensa variedad de los relatos aquí recopilados instantes de un dramatismo sobrecogedor, una personalidad aumentada, si cabe, por lo rematadamente bien documentadas que están todos y cada uno de ellos, ya sea por parte de un guionista que a saber cuántos libros de historia se había «bebido», ya por un dibujante que a saber cuántas fuentes fotográficas documentales llegaría a tener presente.

El resultado —y me vais a perdonar si soy vago en destacar un relato o relatos en concreto, pero prefiero no hacerlo dada la magnificencia de la práctica totalidad de ellos— es de un virtuosismo asombroso y de un calado que, con todas las lecturas bélicas que uno lleva encima, podría situarse casi sin despeinarse como la mejor de todas ellas. Considerando la cantidad de relatos con la guerra de trasfondo que ahora mismo podría citar —pero que no citaré— como ejemplos sobresalientes o magistrales del arte de narrar en viñetas, que ‘Ernie Pike’ haya venido a sobreponerse a todos ellos es consideración más que suficiente para que os hagáis una idea del nivel de lo que estamos tratando. Podría acabar con eso de que «no debería faltar en ninguna tebeoteca», pero incluso dicha aseveración me parece poca para dibujar con precisión la singular y gargantuesca grandeza de unas páginas que escapan con holgura de cualquier apelativo grandilocuente que quiera atribuírseles.

Ernie Pike. Reportero de guerra

  • Autores: H.G.Oesterheld y Hugo Pratt
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 368 páginas
  • Precio: 47,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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