‘En soledad’, Chabouté toca techo

En soledad

Es uno de esos autores sobre los que, lo mínimo que se puede decir, es que nunca dejan indiferentes. Y digo lo mínimo, y digo bien, porque a la luz de cualquiera de las varias obras que ya le hemos podido leer de mano de Planeta DeAgostini o Norma, queda muy claro que cuando tenemos que referirnos a Chabouté, hacerlo en términos que se sitúen por debajo del sobresaliente resulta, como poco, complicado. Unos términos éstos que, sorprendentemente, quedan obliterados por ‘En soledad’, un volumen que me atrevería a calificar como su MEJOR obra hasta la fecha y que raya a una altura tal, que afirmar que estará presente de forma incuestionable en nuestra selección de lo mejor del 2016 es, quizás, la forma más clara de trasladar las superlativas impresiones que nos ha causado.

Nos, puesto que ya mi compañero Jaime habló de ella a mediados del mes pasado cerrando sus impresiones con una frase que no puede ser más veraz: Emotiva y sorprendente a partes iguales, esta es una de esas lecturas que se te quedan grabadas en la mente mucho después de haber cerrado sus páginas. Valga como ejemplo de ello el que, cuando escribo estas líneas, han transcurrido un par de semanas desde que finalicé el apasionante viaje que propone el artista francés y todavía hoy ando dándole vueltas a algunas de las páginas con las que el autor nos acerca a la ¿triste? historia de un farero deforme recluido en su fortaleza en medio del mar. Una suerte de Quasimodo que, como el personaje de Víctor Hugo, cuenta con su fértil imaginación como única ventana por la que escapar a la losa de la soledad.

Es en esos momentos en los que Chabouté plasma la vía de escape que supone para el anónimo protagonista el abrir un pesado diccionario y leer la acepción de una palabra cualquiera, donde comienza a vislumbrarse el fabuloso genio visual que el artista despliega en unas viñetas preñadas de una singular poesía que, a caballo entre la candidez y la elocuencia, consiguen que abracemos sin remisión al deforme personaje a cuyos grises días vendrá a poner otra tonalidad la inesperada ayuda de un marinero de gesto adusto y pocas palabras al que se le adivina un pasado algo tumultuoso y que, de la forma más inesperada, se alzará como la mano amiga abra de par en par las ventanas y puertas de la cárcel en la que reside preso el farero.

A partir de ese momento en que la buena voluntad del co-protagonista estimula aún más la imaginación de nuestro Jorobado, los acontecimientos se precipitan hacia una conclusión que llena de calor y esperanza el corazón del lector. Aunque quizás precipitarse no sea el verbo adecuado cuando buena parte de lo portentoso de la narrativa de ‘En soledad’ —por no decir todo— descansa sobre el letánico ritmo que el autor impone al avanzar de unas páginas que se detienen hasta en el más ínfimo detalle de cuántos componen el limitado universo del faro para que, en la fuerte contraposición que suponen con éstos los elementos imaginativos del relato, el mensaje sobre el poder de una de las mayores virtudes de la humanidad llegue con más fuerza si cabe.

La arrebatadora personalidad que el lento discurrir de la acción aporta a ‘En soledad’ viene además a afirmar muchas otras cosas acerca de la apuesta de Chabouté con un título que se alza firme como el faro en el que transcurre contra la rapidez y la inmediatez del mundo en que vivimos y del momento histórico en el que nos encontramos, cuando lo que ayer era sensación, pasado mañana se ha olvidado por completo. Ese sentido de la contemplación, de parar la mirada en lo maravilloso que hay en lo ordinario y en tomarse el debido tiempo para apreciar lo que nos rodea es, sin duda alguna, una de las reflexiones más necesarias y bellas que se derivan de este fabuloso volumen. Las demás, cómo no, se quedan ahí, prendidas de las expresivas páginas en blanco y negro para que, si queréis, las descubráis.

En soledad

  • Autores: Chabouté
  • Editorial: Planeta DeAgostini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 376 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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