‘El viaje de Marcel Grob’, víctimas de la historia

Supongo que incontables serán ya las ocasiones en las que he declarado mi filia por la Segunda Guerra Mundial como época histórica que más me ha fascinado desde siempre. Supongo, asimismo —comprenderéis que no me ponga a rebuscar entre mis muchas entradas para este sitio web si lo he hecho realmente o no—, que en algunas de esas múltiples instancias habré llegado a afirmar del talante de inagotable manantial de historias que aquellos aciagos seis años siguen dándonos hoy, más de setenta después de su finalización y de cómo, aún habiendo transcurrido tantas décadas, y habiendo servidor leído y visto tanto como ha hecho acerca de la contienda, sea siempre la sorpresa la que le coge desprevenido cuando tiene la oportunidad de asomarse a un instante, una anécdota, una nota al pie de página de las muchas que han llenado, y seguirán llenando, aquellos terribles tiempos para nuestra especie. Y eso es lo que encontramos precisamente en ‘El viaje de Marcel Grob’, un relato en el que Philippe Collin rinde tributo a su tío abuelo contando, como sólo puede ser contada en tebeo, cómo éste llegó a formar parte de las Waffen SS.

Cuerpo de combate de élite de la temida Schutzstaffel —la SS—, las Waffen SS llegaron a aglutinar bajo el poder de Himmler a casi un millón de soldados de cerca de una treintena de nacionalidades diferentes, echando mano Hitler de todos los territorios que fue ocupando mientras la guerra se inclinaba de su lado e incorporando a filas a todo aquel hombre capaz de poder llevar un fusil y cargar contra el enemigo —y si queréis saber más, el excelente artículo que da cierre a la lectura de este volumen os dará una visión mucho más amplia e informada de todo el trasfondo histórico que sirve de telón a este relato—: Marcel Grob fue uno de esos hombres; un joven alsaciano de 17 años que, junto a cerca de 100.000 de sus compatriotas vio truncada su vida y que, ya de anciano, se verá obligado a rememorar horrores del pasado por la voluntad de un juez que quiere saber de primera mano las atrocidades que el poder nazi hizo cometer a esta rama de su ejército.

Convincente con argumentos de gran contundencia desde la primera a la última página, ‘El viaje de Marcel Grob’ es uno de esos tebeos que atrapa al lector con unas sucintas pinceladas iniciales, que mantiene incólume su nivel a lo largo de toda su extensión y que, cuando acaba, deja un hondo poso de reflexión de los que aún te persiguen días después de haber cerrado el libro. Si así lo hace es, no cabe duda, por la inmensa labor de documentación que llevan a cabo los autores y, por supuesto, por la cálidez que presenta y desarrolla a su personaje central, ya en su juventud, ya en su senectud, consiguiendo que lleguemos a sentirlo como nuestro propio abuelo. Una calidez a la que no es ajena la muy agradable y aún más portentosa tarea Sebastien Goethals, un artista completo del que no sabría qué destacar más, si la limpieza y elegancia de su narrativa, el esfuerzo por caracterizar a todos los personajes de manera inequívoca o el refinado uso del color, tratado como un elemento imprescindible en el devenir de los acontecimientos y al que me atrevería hasta atribuirle ciertas connotaciones psicológicas que añaden capas de significado a la historia.

Una historia que en su ir y venir del «presente» al «pasado» incluso se da a un sorprendente juego de segundas lecturas en lo que se refiere a la interpretación de lo que sucede en el despacho del juez y que, al hacerlo, entrona sin dificultad en la categoría de sobresaliente al trabajo de Collin y Goethals, convirtiéndose por méritos propios en uno de esos títulos de inclusión más que obligada en toda tebeoteca que quiera tenerse por completa.

El viaje de Marcel Grob

  • Autores: Philippe Collin y Sébastien Goethals
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 192 páginas
  • Precio: 36,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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