‘El tesoro del cisne negro’, cuando la realidad imita a la ficción

Descargo: Tras haberlos redactado, creo que los tres párrafos iniciales son los más raros que he escrito en mis muchos años como redactor. Es por ello que invito a quién realmente quiera saber de la valía de este cómic, pase a leer a partir de la imagen central. Gracias y mil disculpas.

Como quiera que es lo único medianamente negativo que voy a tener que afirmar acerca de ‘El tesoro del cisne negro’, creo necesario comenzar por ahí, despejar ideas y continuar desgranando las muchas y muy sólidas virtudes que tiene lo último de Paco Roca. ¿Y cuál es ese aspecto semi-negativo que atesora el volumen recientemente publicado por Astiberri? Que, de similares maneras a lo que sucedía a finales del año pasado con ‘La encrucijada’ —ese Paco, fiel y puntual como un reloj a su cita anual—, esta última apuesta del dibujante valenciano no parece suya; algo atribuible, qué duda cabe, al guión. No me malinterpretéis, como pasaremos a ver ahora, nada más lejos de mi intención que tachar al trabajo de Guillermo Corral de algo menos que correcto y por momentos espléndido. Es, simplemente, que al trabajar con material ajeno —y esto es una percepción tan personal como probablemente errónea— Roca parece otro, como si tuviera que colocarse en una posición que no le es del todo cómoda y, desde allí, tratara de llevar a cabo su tarea con la misma eficiencia.

Como digo, puede que esto sólo tenga sentido para el que esto suscribe y que todo lector que ya haya tenido la fortuna de acercarse a esta aventura con tintes políticos, haya disfrutado como un enano de lo que el diplomático y el dibujante desarrollan a lo largo de sus más de doscientas páginas. ¿Fortuna? ¿Disfrutar como un enano? Pero vamos a ver, aclárate, ¿no es afirmar “que esto no parece un cómic de Paco Roca algo peyorativo? No. Insisto. Es sólo una apreciación personal el que, al ir pasando las magníficas planchas de este tebeo, me falte algo que llevo encontrando en los títulos del artista desde que lo descubriera, años ha, con ‘El faro’.

Habiendo dado cuenta precisa título tras título de todo lo que Roca ha producido desde entonces —así como de todo lo que, salvo su incursión en ‘Kiss Comics’, hizo antes de la citada obra— quizás el problema es creer que conozco a Roca lo suficiente como para suponer lo que puedo o no esperar de él, y eso que una de las cualidades que más admiro es su constante esfuerzo por reinventarse. En fin, creo que me he metido en un jardín indefensible y que, tras tanto circulonquio, todo lo anteriormente afirmado puede dirimirse en un simple argumento: que, como me pasa con Woody Allen, prefiero a Roca cuando hace de Roca y no cuando otros le dicen como tiene que hacer de Roca. Cristalino, ¿verdad?

Después de tan superlativo rollo —ahora mismo incluyo un párrafo de descargo de responsabilidad al comienzo por si alguien quiere evitárselo—, dejemos trasnochadas elucubraciones a un lado y centrémonos en dar cuenta de aquello para lo que hemos venido, dilucidar o no si ‘El tesoro del cisne negro’ es un tebeo que valga la pena adquirir y leer. La respuesta a tal cuestión es muy contundente: SÍ. Así, sin paliativos ni ambages. Este es uno de esos tebeos que, por su variedad, puede aludir a cualquier tipo de lector, importando muy poco las filias que éste puede contar —a ver, matizo, quizás sería razonable pensar que a los que sólo saben mirar a través del prisma de los superhéroes o el manga no le diga mucho—.

Tebeo bajo el que palpita un corazón aventurero, ‘El tesoro del cisne negro’ se adorna de tantos adendos diferentes, derivados o no del género principal bajo el que se acoge, que es muy normal quedar irremisiblemente atrapado bajo su embrujo y sentirse incapaz de abandonar la lectura: recordando su estructura en no pocas ocasiones a lo mejor que el cine de aventuras nos ha regalado, una de las sensaciones más constantes que dimana del avance de la historia es la de encontrarnos, no ya delante de un homenaje a Tintín o a la obra de Salgari, sino ante una suerte de Indiana Jones apócrifo. Refrendada por instantes puntuales como esos extremos que son el prólogo y el final, que Álex Ventura —A.Ventura, ¿lo pilláis?— no deje de ser un sosias algo chupatintas del famoso arqueólogo creado por Steven Spielberg y George Lucas, o que sólo falte el típico mapa de las películas del profesor Jones para reflejar los movimientos sobre el globo terráqueo que va dibujando la acción, hacen de ‘El tesoro del cisne negro’ un tebeo tremendamente cinematográfico.

Dicha impresión es aumentada sobremanera por el vasto argumentario gráfico que Roca pone en juego, y recursos como el “inserto” intermedio, la forma en la que aborda la explicación de ciertas complejidades del guión, la manera en la que plasma un flashback muy relevante para conectar a dos de los personajes secundarios o el magnífico modo en que resuelve, una y otra vez, el paso del tiempo en la acción, hacen de éste volumen —como ya es norma en él— todo un tratado de “Cómo dibujar tebeos”. Si a eso le sumamos la enorme variedad de lo que Corral nos propone —variedad, que no ritmo, algo que resulta ocasionalmente irregular—, descubriendo desde dentro entresijos de poder a los que los ciudadanos de a pie estamos completamente ajenos —no perdamos de vista que el escritor fue primero diplomático y que lo que aquí se nos cuenta está inspirado en hechos reales— y provocando una apertura de ojos tan pedagógica como necesaria hacia un mundo siempre presente y siempre en la sombra. Un mundo que, descubierto aquí desde una ficción que ora se siente como tal, ora asusta por lo que parece acercarse a la realidad, se alza como una de las lecturas clave de este 2018.

Pero que conste, ¿eh? que Roca no se siente como Roca. ¿Ha quedado claro?

El tesoro del cisne negro

  • Autores: Paco Roca & Guillermo Corral
  • Editorial: AStiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 224 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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