‘El soldado’, al norte y el sur de la muerte

El soldado

Si estáis atentos a las líneas que este redactor publica casi todos los días laborables del año, es de recibo pensar que os debe sonar bastante el nombre de Olivier Jouvray. No en vano, el guionista francés ha aparecido hasta en tres ocasiones diferentes en sendas entradas destinadas a cubrir, ya los volúmenes tercero y cuarto de la desopilante ‘Lincoln’ publicada por Dib-buks, ya la fantástica adaptación de ‘Moby Dick’ que junto a Pierre Alary también veía la luz bajo el blasón de la editorial madrileña hace un par de años. Apartándose de forma radical de los hilarantes extremos en los que se mueve el primer título citado, y de la aventura en alta mar que es la novela de Herman Melville, Jouvray se mantiene en los terrenos de la traslación de un texto de otro autor para llevarnos a los infiernos de la guerra en este magnífico álbum que es ‘El soldado’.

Pero antes de valorar como se merece la labor del guionista, hay que hacer obligada parada en el EXTRAORDINARIO arte de Ricard Fernández, EFA, un artista español que se da a conocer —si no me equivoco— en nuestra tierra gracias a unas planchas que lo sitúan, de un plumazo, entre los mejores trabajos gráficos que hemos tenido el gustazo de leer durante lo que llevamos de 2016. Tanto es así, que raro será que su nombre no aparezca en nuestra selección de lo más granado de este año por cuanto a lo que aquí podemos asistir no es, en términos coloquiales, “normal”: bajo un control de las aguadas que no cesa en sorprender conforme se avanza la lectura —en serio, la forma en la que EFA maneja las veladuras es asombrosa si, como servidor, uno sabe de la complejidad de controlar las acuarelas como aquí se puede apreciar—, y con un estilo que se hace grande en las caracterizaciones y que, por apuntar hacia dos latitudes bien diferenciadas, parece el hijo bastardo de los de Enrique Fernández y Juanjo Guarnido, EFA mantiene un nivel narrativo superlativo a lo largo de las sesenta páginas sobre las que se prolonga el relato, y la alternancia de sus viñetas —atención a las panorámicas, sublimes— aporta un ritmo a la lectura que, sin duda alguna, aumenta sobremanera la intensidad del mensaje que se deriva del guión de Jouvray.

Éste deja de lado cualquier visión romántica o heróica de los que participan en una contienda bélica —algo que, en parte, sí podía apreciarse en ‘El rojo emblema del valor’, la novela original de Stephen Crane en la que se basa el cómic— y centra sus miras en construir un relato que funcionen a dos niveles bien diferenciados: el uno, la aplastante crítica contra cualquier conflicto armado encarnada, en éste caso, en la horrenda guerra civil que enfrentó al “norte” y al “sur” de los Estados Unidos; el otro, la incisiva y quirúrgica mirada con la que se analiza la frágil psique de esos hombres en proceso que se lanzaban al campo de batalla alentados por conceptos como honor y patria que a su edad era imposible que comprendieran en todo su alcance. La mordacidad de la primera —que recuerda a aquella que engalanaba, por ejemplo, el discurso de ‘Senderos de gloria‘, el magistral alegato antibelicista dirigido por Stanley Kubrick— y la honestidad y franqueza de la segunda consiguen en su superlativo maridaje que ‘El soldado’ cale hondo en el ánimo del lector y que se convierta en uno de esos álbumes ante los que uno no puede permanecer impávido, manteniéndose fresco en el recuerdo tras muchos días después de haberlo terminado. Un hecho éste último que afirma, de manera categórica, del sobresaliente carácter de este impresionante tebeo.

El soldado

  • Autores: Olivier Jouvray & Ricard Fernández
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 72 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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