‘El dios vagabundo’, el Van Gogh de las viñetas

Si ya contemplar la portada devenía en un ejercicio de apreciación artística considerable —en serio, paraos a miradla con detenimiento y valorad el sentido de la composición, el gusto por el detalle, la personalidad del trazo y la armonía cromática—, fue abrir ‘El dios vagabundo‘ y tener delante la primera página del tebeo firmado por Fabrizio Dori y ser consciente de dos cosas. La primera, que en ese campo de girasoles que ocupa la práctica totalidad de la página —sólo una pequeña viñeta de un primer plano rompe a conciencia la armonía del paisaje floral—se reunían ciertas cualidades pictóricas y luminosas que acercaban el arte del italiano al post-impresionismo de Vincent Van Gogh. Y, aún más importante, que fuera lo que fuese lo que Dori nos contara en este relato de mitología de tintes dantescos, tenía asegurada nuestra atención más impertérrita a poco que continuará, en lo visual, dando muestras de tan desorbitada grandeza.

El primer hecho, refutado una y otra vez a lo largo del recorrido de las más de 150 páginas de que consta el álbum publicado por ECC —pequeño tirón de orejas en cuanto a la elección de la calidad del papel, este álbum hubiera merecido uno mate de mayor gramaje—, tiene un respaldo sorpresa y una suerte de confirmación activa por parte de Dori cuando, en un momento dado del relato que sigue a Eustis, un antiguo sátiro de la cohorte de Dionisio en busca de recuperar su sitio con los dioses, aquél rememora el tiempo que conoció al pintor neerlandés sin que dicho recuerdo guarde una especial relación con el devenir del relato; algo que refuerza aún más la impresión del carácter de homenaje que tiene todo el volumen. Pero Dori no se queda en la mera imitación de estilo. No. Pareciera como si el artista quisiera ir un paso más allá en esa capacidad de emular sin hacerlo al legendario artífice de ‘Los girasoles’ y, en ese intento, explorara otras muchas dimensiones, no ya sólo de su arte, sino de toda una suerte de corrientes posteriores que configuran planchas de un expresionismo extremo en el que formas y colores se retuercen y contonean para parir viñetas tan fascinantes como superlativas.

En todo ello, Dori va hilvanando un relato construido a través de pequeñas piezas que, ora haciendo gala de la personalidad menuda y en ocasiones testimonial como la de Van Gogh, ora en firme oposición a éstas, va consolidando una urdimbre mucho más grande, más compleja y singular que a caballo entre el relato mitológico, la fábula y la alegoría, atrapa de tal manera que resulta imposible dejarlo de lado una vez se ha comenzado su lectura. Esa manera en que la historia fluye de lo relevante a lo nimio, de la gesta épica a la anécdota a pie de calle, conforma un todo que tiene en su capacidad para sorprender y no acomodarse sus mayores validores. Unos validores que, atención, colocan a ‘El dios vagabundo’ como uno de esos títulos que, toda vez se terminan, provocan una doble sensación. Una, la de la necesidad imperiosa de volver a dar cuenta de ella para, quizás, dejarse únicamente maravillar por la potencia de sus viñetas. Y dos, que no nos cabe duda alguna acerca de dónde encontraremos a ‘El dios vagabundo’ de nuevo cuando el año toque a su fin. No sé si me explico…

El dios vagabundo

  • Autores: Fabrizio Dori
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 152 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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