‘El convoy’, el largo camino a casa

El Convoy

Si hace pocos días al referirnos a la Segunda Guerra Mundial postulábamos la poca inclinación que parece tener la memoria histórica a pasar página de las innumerables atrocidades que llegaron a cometerse en nombre de la pureza aria y otras muchas de esas disquisiciones completamente infundamentadas que suelen llevar a los conflictos bélicos; el traslado de dicho discurso dentro de nuestras fronteras ofrece, como no podía ser de otra manera, iguales resultados cuando de lo que se trata es de dejar atrás los estragos de la Guerra Civil que asoló nuestra tierra durante tres años, enfrentando a hermano contra hermano, y que dejó una profunda cicatriz en la forma de una dictadura que se prolongó durante casi cuatro décadas.

Muchas han sido las dramáticas historias que tanto el cine —se suele seguir diciendo que el séptimo arte español sólo sabe hacer comedias, producciones de denuncia social y filmes sobre la contienda— como el cómic nos han dejado. De hecho, en éste último medio podemos encontrar ejemplos tan magistrales como el ’36-39. Malos tiempos’ de Carlos Giménez o el ‘Prisionero en Mauthausen’ de Carbos y Cosnava, por citar dos obras de las muchas que ahora mismo podríamos sacar de mis estanterías. A todas ellas venía a sumarse el pasado Salón del Cómic de la mano de Norma este integral de ‘El convoy’, una historia espléndida firmada por Denis Lapière y nuestro Eduard Torrens que, basándose en hechos reales —algunos de los cuales sufrieron familiares del dibujante— narra en dos tiempos la historia de Angelita, hija de españoles que huyeron al país vecino en el primer año de guerra para encontrarse una Francia que no les acogía como ellos pensaban y que padecerían mil y un avatares antes de encontrar cierta calma en sus vidas.

El primer tiempo que abre la narración es el presente de 1975, con una protagonista ya casada y con hijos que recibe la noticia de que su madre está muy enferma e ingresada en un hospital barcelonés. El segundo es un prolongadísimo flashback en el que, junto a su padrastro, recuerda cómo fue aquella diáspora forzada que llevó a muchos congéneres de la generación de nuestros abuelos a abandonar la tierra que les había visto nacer ante el inminente peligro de muerte que suponía permanecer en ella. Lleno de momentos de esos que, por mucho que hayamos visto en no pocas ocasiones, nunca dejan de erizar el vello, la historia urdida por Lapière funciona a la perfección tanto si se tuviera que considerar de forma aislada como, por supuesto, si hemos de ponderarla tomando en cuenta la extraordinaria labor de Torrens, un artista que en estas páginas no parece querer ocultar la fuerte influencia que en él ejerce Rubén Pellejero, ya por un trazo que se asemeja mucho al del gran artista, ya por un tratamiento cromático que recuerda poderosamente al que suele aplicar el artífice de ‘Dieter Lumpen’. Huelga decir que la fusión de ambos mundos, guión y dibujo, da como resultado un cómic magnífico de esos que, como diría mi compañero y amigo Mario, «te agarra la patata». Y tanto que lo hace.

El convoy

  • Autores: Denis Lapière y Eduard Torrens
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 136 páginas
  • Precio: 22,80 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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