‘El comedor. Primer turno’, simpatía y ternura a raudales

Tercera ocasión en la que tenemos el gusto de poder hablar de Nob por estas líneas virtuales, el placer de poder hacerlo es doble cuando lo que tenemos entre manos es ‘El comedor’, un volumen pequeño, incluso más de lo que ya lo eran los tres que Dib-buks dedicó a recoger las entrañables aventuras de ‘Marieta’, en el que el artsista francés prescinde de toda intención de narrar una historia continuada como ya lo hiciera en ésta y reduce la misma a una manera similar a cómo lo hiciera en ‘Dad’, enhebrando gags de una página con los que intentar arrancar la carcajada del lector. Pero el esfuerzo por minimizar aún más la presencia de su trazo sobre el papel va aún más allá en las páginas del tomo que hoy nos ocupa.

Olvidándose de viñetas —al menos en el sentido delimitado y cerrado de la acepción tradicional del término— y atendiendo siempre a una misma estructura de cuatro ilustraciones por página, Nob nos acerca en ‘El comedor’ a ese singular microuniverso que son los comedores escolares y a ese aún más singular cosmos que son nuestros pequeños: con su trazo afable, un tratamiento del color que en seguida nos cautiva, y la efectiva simpleza de tan sucinta definición de página, es la universalidad del mensaje que nos transmiten muchas de ellas la que queda comprometida y se encuentra bastantes escalones por debajo de aquella a la que el artista accedía en ‘Marieta’ y ‘Dad’. A fin de cuentas, si bien todos hemos sido niños, no TODOS hemos tenido la suerte o la desgracia de soportar los altibajos de calidad de un comedor, las batallas que allí parecen darse o los denodados intentos de los infantes por evitar tragar con según que plastas alimenticias.

Lo que esa limitada universalidad provoca de forma inmediata es que el humor que destilan las páginas de ‘El comedor’ pierda mucha efectividad, y ya no comparado con las obras anteriores del autor francés, sino en términos generales como obra humorística cuyo único afán es que nos lo pasemos bomba y, en cierto modo, nos quitemos años de encima al asomarnos a algunas de las trastadas que vivimos, o no, de niños. Alcanzando con mayor facilidad este segundo propósito, es ‘El comedor’ no obstante una lectura que, por su simplicidad, recomendaría como introductoria a cualquier padre que pretenda perpetuar en su hijo la pasión por la lectura de tebeos. Pocas veces unas páginas destinadas a un rango indeterminado de edad —capaz de moverse entre los 6 y los 90 años si así lo quisiéramos— nos lo han puesto más fácil para conseguirlo.

El comedor. Primer turno

  • Autores: Nob
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 11,87 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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