‘Dylan Dog. Mater Morbi’, mayúscula e inesperada sorpresa

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Debo admitir, sin reparo alguno, que lo único procedente de la editorial Bonnelli a lo que me había acercado hasta la fecha habían sido a aquellos volúmenes de ‘Tex’ editados por Aleta y que contaban con la autoría de nombres como Víctor de la Fuente o el tándem Antonio Segura y José Ortiz. Más allá de esos, los fumetto que tantísimas ventas acaparan en Italia y que vuelven «majaretas» a los lectores del país nunca habían llamado mi atención lo suficiente como para acercarme a ellos. Pero algo había en la portada de este ‘Mater Morbi’ que servía como ineludible canto de sirena para el que esto suscribe. Un canto de sirena que temía fuera a acabar en decepción por el total desconocimiento del personaje más allá del execrable filme protagonizado por Brandon Routh, pero que se ha tornado en una mayúscula sorpresa al encontrarme con una historia que atrapa desde la primera página y que destila algo que, creo, es muy difícil de conseguir en un cómic: el terror.

Si ya creo complicado que una película meta el miedo en el cuerpo —pero el miedo de verdad, no los sustos derivados de golpes de efecto que tanto abundan en el género hoy en día—, que un cómic logré hacerlo contando con sólo dos recursos en comparación con los casi ilimitados que maneja el cine es algo que hay que valorar como lo que es, una hazaña que habla a las mil maravillas de lo que Roberto Recchioni y Massimo Carnevale han conseguido con este malsano relato en el que el detective de lo paranormal deberá enfrentarse con la mismísima madre de las enfermedades, un ente encarnado en letal mujer que se alimenta de la desesperanza, la ira, la frustración y todo aquello que se deriva de los males que nos pueden llegar a aquejar en algún momento de nuestras vidas.

Atención al cameo de Klaus Kinski...impagable

Atención al cameo de Klaus Kinski…impagable

Ya la sola creación de dicho personaje es de una genialidad espléndida que, además, queda corroborada a lo largo de las páginas que conforman la historia enhebrada por Recchioni. Una historia que, al margen de otras muchas disquisiciones y de otros muchos valores que considerar, tiene LA MEJOR descripción que servidor ha leído a lo largo de su vida acerca de un hospital. Tanto es así que, advirtiéndoos que no os revienta nada de la trama, la voy a transcribir a continuación:

El hospital es el lugar más solitario del mundo. NO importa cuánta gente venga a hacerte compañía o a darte su apoyo: la distancia que separa sanos y enfermos es un espacio infinito que ni siquiera el amor puede llenar. La enfermedad siempre aleja cruelmente a quienes la padecen del conjunto de los seres humano. Por mucho que puedan quererte tus amigos y parientes, en la parte más atávica de sus cerebros sigue habiendo un hombre de las cavernas ansioso por alejarse del animal infecto en el que te has convertido. Por otra parte, para quien está enfermo, los sanos nunca son un consuelo, al ser incapaces de comprender tus necesidades, al desconocer lo que padeces, y por ser son culpables de poder irse de tu lado por sus propios medios. El enfermo es un vampiro sediento de vida y poco importa cuántas lágrimas se viertan por él…¡nunca son bastantes para aplacar su sed!. La enfermedad nunca da paso a las comuniones. Las camas de un hospital son como los agujeros en la recámara de un revolver, con los pacientes tumbados haciendo de balas y la curación siendo su único blanco…lo que cuenta es dar uno mismo en el blanco, porque no hay recompensa alguna en el éxito ajeno. A nadie le entristece abandonar un hospital. Y, en cuanto se alcanza la libertad, la sutil sensación de remordimiento por los compañeros de desventura que se quedan atrás se funde como la nieve al sol.

Terroríficamente veraz, ¿eh?

Pues ahora imaginaos tan elocuente disertación acompañada por una página que se hace grande en la acepción más tremenda de la palabra expresionismo, que captura de forma indefectible con cuatro trazos mal contados toda la carga que se deriva del discurso de Recchioni y que, completada por otras cien —el resto hasta las 192 de que consta el volumen son unos muy jugosos extras— elevan al trabajo de Massimo Carnevale a la categoría de magistral y podréis empezar a apercibiros de la grandeza que encierran las páginas de ‘Mater Morbi’, un volumen que es cita obligada para el amante del cómic importando muy poco si es conocedor o no de Dylan Dog y su particular universo: como introducción al mismo resulta espectacular; como viaje único a las miles de páginas que se han publicado sobre el personaje, asombrosa; como lectura tebeística a secas, IMPRESCINDIBLE.

Dylan Dog. Mater Morbi

  • Autores: Roberto Reccchioni y Massimo Carnevale
  • Editorial: Spaceman Books
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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