‘Deadwood Dick: Negro como la noche, rojo como la sangre’, «tarantiniano»

Resulta inevitable, o al menos para este redactor lo resulta, leer ‘Deadwood Dick’ y que no venga a nuestra memoria ‘Django desencadenado’, el enorme western que Quentin Tarantino firmaba en 2012. Las razones para ello, más allá de la obviedad de que el inusual protagonista de ambas historias sea un negro —inusual para el western, que siempre fue un género casi exclusivo de los hombres de raza blanca—, son que el tono que Joe R. Lansdale imprimía al relato original que adapta Michele Masiero y Corrado Mastantuono acerca muchas posturas para los modos en los que Tarantino narraba, con su personal estilo, una de sus mejores incursiones en la gran pantalla.

De hecho, considerando que la fecha de publicación de ‘Soldierin’, el relato en el que se basan los autores italianos para cuajar ‘Deadwood Dick’, se remonta a 2011 y que el filme de Tarantino está fechado un año después, sería imposible señalar a uno como fuente del otro, y nos inclinamos a pensar que es la afinidad entre los estilos de sendos artistas lo que lleva a las concomitancias que cabe encontrar entre la historia del esclavo liberado que corre mil y una aventuras en un far west que si en el cineasta se tiñe de sangre por venganza y amor, aquí lo hace por razones que tienen que ver con la mera supervivencia y la extrema suerte que parece cargar sobre sus hombros ese sobradísimo afroamericano que es el protagonista de este volumen que nos ofrece Panini. Eso sí, si hubierámos de quedarnos con uno de ellos, al menos en lo que a complejidad y desarrollo de personajes se refiere, sin duda lo haríamos con la cinta de Tarantino por cuanto es cierta ligereza e intrascendencia lo que caracteriza a la franca simpatía de ‘Deadwood Dick’.

Una simpatía que hace que caigamos rendidos ante el carisma de su protagonista y la verborrea rápida y cínica con la que lo describen tanto el estadounidense como su equivalente europeo. A lo tremendamente divertido de la labor de ambos —uno como autor original, el otro como espléndido adaptador— viene a unirse el magnífico trazo y clara narrativa de un Mastantuono que, asumiendo una estructura clásica de máximo seis viñetas por página, nos traslada de manera inequívoca a los típicos escenarios del western en los que se mueve la acción, ya sean estos las praderas, los cañones, o las polvorientas y mugrientas calles de un pueblo cualquiera de los muchos que el cine nos acercó en la época dorada del género. Un género que, sí, habrá (casi) muerto para el séptimo arte pero que, en lo que se refiere al noveno, sigue dando muestras de estar en una forma magnífica.

Deadwood Dick: Negro como la noche, rojo como la sangre

  • Autores: Jason Aaron, Mike Deodato Jr. et al.
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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