‘Daredevil. El hombre sin miedo 11: Arte oscuro’, entre tinieblas

Con veintiocho números y un anual a sus espaldas, ya nos encontramos en situación de hacer una primera valoración global de la etapa de Charles Soule al frente de Daredevil. Una etapa que, antes que cualquier otra disquisición, lleva casi dos años en lo más alto de lo mejor que la maltrecha Marvel es capaz de ofrecer en la actualidad y que ha servido para demostrar varios puntos que ahora pasamos a enumerar.

Uno: que no por demérito sino por la grandeza de lo que vino antes que él, es muy probable que cuando finalice su estancia en el personaje, el trabajo de Soule quede enrasado con el que llevaron a cabo en sus correspondientes aproximaciones al diablo de Hell’s Kicthen guionistas como D.G. Chichester , Kevin Smith o Andy Diggle. Dicho de otra forma, que aún siendo más que correcto y contando con ideas que se mueven entre lo estupendo y lo fenomenal e instantes que alcanzan lo magnífico —más sobre tal apelativo en unas líneas—, el conjunto nunca podrá estar a la altura de los cuatro grandes nombres que sirven de rasero para medir lo mejor que La Casa de las Ideas ha puesto en circulación sobre el hombre sin miedo: Frank Miller, Brian Michael Bendis, Ed Brubaker y Mark Waid.

Dos: que si bien rayar a la altura de esos cuatro titanes no está al alcance de cualquiera, tampoco es baladí lo que Soule lleva desarrollando desde diciembre de 2015. Veinticuatro meses que se cumplirán en una semana y que han servido al guionista de ‘Letter 44’ para introducir a villanos brillantes y a secundarios excepcionales, conjugándose en el volumen que hoy nos ocupa la presencia de una de las más brutales némesis que ha conocido la dualidad Matt Murdock/Daredevil con el fundamental protagonismo que alcanza aquí Punto Ciego, el joven héroe que el abogado ciego ha tomado bajo su tutela tanto en su faceta de abogado como en su rol de superhéroe y que aquí sufrirá de forma brutal el despertar de Muse, un asesino en serie letal que asola la Cocina del Infierno con unos crímenes cuya sordidez nos es mostrada sin tapujos, señal de que algo ha cambiado definitivamente en el mundo de los superhéroes.

Tres: que dicho cambio vira de nuevo al cuernecitos al “lado oscuro”, alejándolo definitivamente de la luz que acompañó a la soberbia etapa de Waid, algo que no sólo queda puesto de relieve por las truculencia de algunas de las páginas de este úndecimo volumen de 100% Marvel dedicado al personaje, sino por el arte de un Ron Garney —y en menor medida de los artistas que han ido sirviendo de “fillers” en esta nueva etapa— que desde sus primeros pasos con el personaje ha querido imprimirle al mismo un fuerte personalidad tenebrosa, rediseñando su uniforme y caracterizando sus páginas con abundantes juegos de sombras y un trazo que refuerza sobremanera el talante más adulto y grave que desde Marvel han querido otorgarle al héroe.

Y cuatro: que tan adulto talante está funcionando es incuestionable. Que dada la actual tesitura de constantes cambios en la que se encuentra la editorial —la sensación como lector es que mes tras mes la Casa de las Ideas se somete a un prueba y error a ver qué diantres hacen con su vasta oferta— termine por volver a cambiar el estatus quo de Daredevil y que dicho cambio arruine, no ya la estancia de Soule, sino una de las pocas colecciones que vale la pena leer mes a mes de la ensalada que ofrece la editorial es, mucho me temo, cuestión de tiempo. Pero no seamos agoreros, disfrutemos mientras podemos de lo que actualmente está trascendiendo del personaje —y atención a los dos próximos arcos argumentales, que vienen cargados de sorpresas— y dejemos para más adelante el tener que lamentarnos, una vez más, por las desafortunadas decisiones de las cabezas pensantes de una major que cada día lo es un poquito menos.

Daredevil. El hombre sin miedo 11: Arte oscuro

  • Autores: Charles Soule & Ron Garney
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 10,92 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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