‘Cuadernos ucranianos y rusos’, CUMBRE

Quizá sea algo normal conforme uno se va haciendo mayor, quizá no; pero conforme envejezco, y voy leyendo más y más cada vez, abriendo mis miras hacia rincones de la literatura y el tebeo que había explorado poco o, directamente, no había tocado, y reflexionando con cierta hondura sobre lo que esos rincones postulan acerca de la condición humana, cada vez me avergüenzo más y de manera más asidua de nuestra especie. Evidentemente, esta pandemia en la que nos encontramos inmersos, no ha hecho sino agravar la poca fe que tengo en que la humanidad logre algún día trabajar de manera unánime para el bien común planetario, y no sólo las noticias a escala global, sino la mera observación a escala local, con incontables congéneres incumpliendo normas básicas y olvidando lo extraordinario del estado de alarma que hemos vivido, refuerza mi estupor y la clara impresión de que, si algo va a conseguir esta crisis universal, en contra de aquellas voces que clamaban acerca del refuerzo positivo que iba a suponer, es abrir aún más abismos en un planeta ya muy fracturado.

Podréis preguntaros, y con razón, que a colación de qué viene la diatriba anterior. Una pregunta muy válida que encuentra contundentes, descorazonadoras y en ocasiones execrables respuestas en las MAGISTRALES páginas que conforman esta reedición que Salamandra Graphic ha llevado a cabo de ‘Cuadernos ucranianos y rusos‘: anteriormente publicados de manera separada por Sins entido —al igual que ‘5 es el número perfecto‘, de la que hablaremos en breves días— , la reunión bajo una única cubierta de las dos obras de Igort aumenta sobremanera las cruentas sensaciones que uno puede llevarse de la descarnada puesta en escena con la que el artista italiano caracterizaba esta doble aproximación en forma de reportaje gráfico de sus viajes por Ucrania y Rusia a comienzos de este siglo.

Gracias a sus páginas, a lo expresivo de su trazo —atención especial merecen los momentos en que, para que nuestra memoria artística se haga participe de los horrores que plasma, el dibujante echa mano de remedos del ‘Guernica’— y a una aproximación clínica que expone los hechos tal cual y, al hacerlo, remueve aún más el estómago del lector, nos acercamos a la cara —a muchas caras— más horrible y deleznable de la historia de la Unión Soviética: uno podría pensar, debido al grado de desinformación que occidente sigue teniendo sobre el mundo más allá de los Urales, que los tiempos más crudos de la vida en la tierra de Tolstoi y Dostoievsky son cosa del pasado, de ese pasado que Igort explora aquí a través de los testimonios de supervivientes de la hambruna que asoló al enorme país durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, que obligó a llegar a practicar el canibalismo y la necrofagia para poder sobrevivir y que, por supuesto, fue acompañada por el terror que el gobierno de mano de hierro de Stalin ejerció sobre sus compatriotas, llevando a cabo limpiezas étnicas que harían enrojecer al mismísimo Adolf Hitler —las motivaciones que rodearon al tratado de no agresión que estos dos personajes firmaron a pocos días de comenzar la Segunda Guerra Mundial conforman uno de los episodios más oscuros de una época tremendamente negra de nuestra historia. Pero ese «uno» se equivocaría, e Igort lo pone de relieve de manera tan clara como epatante.

Complementando a la perfección la mirada al pasado que desarrolla con ‘Cuadernos ucranianos’, su partenaire «ruso» nos acerca a una realidad reciente que, si cabe, acojona aún más de lo que lo hacen los testimonios de supervivencia que el artista comparte en la primera mitad del volumen. Y si así es, si ‘Cuadernos rusos’ puede llegar a calar incluso más hondo en nuestro ánimo y pesar, es debido a que, como decía pocas líneas atrás, en una mentalidad que mire el mundo bajo cierto prisma no cabrían las reflexiones que pueden extraerse de la vida y muerte de Anna Politkóvskaya, una activista asesinada en 2006 por meter las «narices» en asuntos que molestaban a Putin y, por ende, al estado. Unas reflexiones que cogen ese prisma optimista y luminoso y lo pisotean y revuelcan por el fango hasta que nada queda de él.

Y en ese trabajo, expuesto con una concreción asombrosa y una claridad de ideas espectacular, ‘Cuadernos ucranianos y rusos’ se alza incuestionable como una de las mejores lecturas de este 2020 y una cumbre ineludible del tebeo europeo. Su lectura no es fácil y, en ocasiones —en muchas ocasiones—, se pone tan de cara al lector que cuesta avanzar sin temer porque nuestra humanidad, esa que sabe que hay ciertas fronteras que nunca deberían haberse franqueado en nombre de ninguna causa, salga dañada. Pero, a la par, si uno se arma de valor, aprieta los dientes y configura su estado anímico para que esa mella se minimice lo posible, encontrará en estas páginas lecciones de vida que, esperemos, nunca tengamos que poner en práctica. Algunos, los más optimistas, podrán pensar que exagero, que los humanos aprendemos de los peores pasajes de la historia y que capítulos como los que aquí se recogen son lecciones asentadas que nunca se repetirán. Pero yo no soy de esos y, a día de hoy, espero lo peor de esa plaga que en muchos sentidos es una humanidad de la que, día a día, uno encuentra incontables motivos para avergonzarse.

Cuadernos ucranianos y rusos

  • Autores: Igort
  • Editorial: Salamandra Graphic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas:356 páginas
  • Precio: 23,74 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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