‘Cosmonauta’, del universo humano

Por más que, como especie, hayamos dado auténticos pasos de gigante en el último siglo en campos como la ciencia y la medicina, dando respuestas cada día a cuestiones que han sido duda durante muchas centurias, son todavía incontables las preguntas que quedan sin resolver y que atañen a singularidades que puede que nunca encuentren solución concisa. ¿De dónde venimos? o ¿A dónde vamos? son dos de las más tópicas sobre las que ninguna disciplina humana ha podido arrojar luz, contándose por infinitas las hipótesis que, desde la filosofía a la religión, han tratado de explicarnos cuestiones de tan profundo calado existencial. Sin que alguna de ellas haya sido capaz de satisfacer nuestra perpetua ansia de conocimiento por, por ejemplo, aquello que puede que nos espere más allá de nuestra muerte, es el intenso discurso que Pep Brocal enhebra con ‘Cosmonauta’ una posibilidad más de cuantas nuestra imaginación ha sido capaz de elucubrar sobre el fin de la vida y el comienzo de ese algo desconocido. Una posibilidad que, como alguien dijo alguna vez, toma la forma bajo la que se concretan todos los relatos que valen la pena ser contados: la de una historia de amor.

De amor y mucho desamor sabe cantidad Héctor, el protagonista que en ‘Cosmonauta’ lleva siglos surcando el espacio sideral con la esperanza de algún día llegar al confín del cosmos y hallar a Dios para hacer que el creador responda por los muchos errores que cometió al concebir a la raza humana. Tal premisa de partida, que ya acarrea una carga de cinismo considerable, queda configurada por Brocal bajo un marco de ciencia-ficción que, albergando en su seno muchas y muy diferentes disquisiciones, ni quiere ni puede ocultar que su principal motor es el amor no correspondido del protagonista por una amiga de la niñez. El sentimiento más noble y egoísta de cuantos podemos experimentar los humanos es lo que, en un acto de desesperación, movió a Héctor a presentarse voluntario a una misión como poco suicida, y lo que, en las interminables horas de soliloquio —o de diálogo con Nic, la inteligencia artificial que le acompaña— que acumulan los cientos de años a bordo de su particular cápsula, acude una y otra vez a su memoria.

Puestos en valor por una estructura y un diseño de página que nunca puede ser calificado como acomodaticio, común o falto de ideas —es asombrosa la variedad de recursos narrativos de los que echa mano Brocal y la cantidad de composiciones diferentes de página y doble página a las que podemos asistir durante una lectura que nos hipnotiza de principio a fin—, el recorrido por el que discurre ‘Cosmonauta’ es uno que reta de forma permanente al lector, no permitiéndole vagar distraído por el devenir de los acontecimientos dada la sólida componente de relevancia que todo nimio detalle parece comportar, y de hecho comporta, cuando el relato se dirige a su explosivo doble final. Sin poder revelar nada del mismo, dejémoslo en que el primero de los dos giros con los que Brocal nos golpea, se hace fuerte en recuperar ciertas ideas teocentristas mientras que el segundo, mucho más de efecto que el anterior, nos deja completamente demolidos y fascinados y, si ya no se encontraba allí —que se encontraba, os lo garantizo— eleva a lo más alto a una lectura que en no pocas ocasiones llega a trascender el SOBRESALIENTE.

Cosmonauta

  • Autores: Pep Brocal
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 176 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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