‘Colaboración horizontal’, cuando el corazón manda

Crisol de incontables historias que nunca pasa de moda por más que hayan transcurrido setenta y tres años desde su finalización, el protagonismo de la Segunda Guerra Mundial en el mundo del cómic es un hecho recurrente que ha servido a una lista interminable de autores para legarnos obras de esas que uno calificaría como indispensables dentro del vasto mundo del noveno arte. Sin pretender enumerar aquí y ahora las muchas que servidor metería en un saco bastante abultado, lo que resulta incuestionable a la luz de aquello que arroja ‘Colaboración horizontal’, es que el trabajo de Navie y Carol Maurel debe añadirse a todos aquellos instantes en que un tebeo se ha aproximado a un episodio concreto de la contienda —ya sea real o ficticio— y lo ha hecho con tanta contundencia como para hacerse acreedor de un más que merecido sobresaliente.

Lejos de las trincheras, de las grandes gestas bélicas y del fuego de los Panzers, las ametralladoras y los bombarderos, a lo que nos acercan las dos autoras de ‘Colaboración horizontal’ es a un pequeño grupo de mujeres que sobreviven como pueden en la Francia ocupada. Tremendamente variopinto, en el corpúsculo de féminas que protagonizan la historia imaginada por Navie, resalta sobre todo Rose, una joven madre que cae prendidamente enamorada de un joven oficial alemán y, sin pensar en qué consecuencias podrá traer tal romance, se abandona a una relación llamada a terminar de manera trágica. Alrededor de ella, la guionista coloca a una serie de mujeres de fuerte carácter que van desde la adolescente a punto de descubrir su sexualidad hasta la septuagenaria cascarrabias cuyo carácter esconde mucho más de lo que parece a simple vista.

Carismáticas y tridimensionales todas ellas, la facilidad con la que resulta empatizar con sus motivaciones —sean éstas las que sean— es la cualidad fundamental de la que se vale ‘Colaboración horizontal’ para desarmar al lector después de muy pocas páginas para, a continuación, atenazarle el corazón durante el resto de una lectura portentosa, llena de matices pero al mismo tiempo de contundentes reflexiones, alzándose la que apunta a la incomprensión de la masa y a la intransigencia de nuestra especie como una de las más evidentes cuando, llegado el momento, historia ficticia se mezcla con real y Navie nos recuerda con cuánta innecesaria crueldad se trató a unas mujeres que sólo buscaban sobrevivir.

Que el álbum nos conquiste como lo hace casi desde la primera viñeta, es responsabilidad compartida por Carole Maurel, cuyo estilo de dibujo, agradable, cálido, sincero y de cualidades claramente heredadas del mundo de la animación —y no es una afirmación baladí, es que la artista se dedicó al cine de animación toda vez hubo cursado sus estudios— sirve para terminar de desmontar cualquier prejuicio que el lector pueda llevar consigo antes siquiera de abrir el tomo. Sumando a las características antes citadas unos recursos que no pueden ser calificados de otra manera que geniales —esa doble página en la que Rose y Mark se encuentran frente a frente; las splash dedicadas a un único personaje…— no cabe ya más sino reiterar el mensaje inicial acerca de lo sobresaliente y necesario de la lectura de un volumen que, si nada lo impide, se colará en nuestra selección de lo mejor de 2018.

Colaboración horizontal

  • Autores: Navie & Carole Maurel
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 144 páginas
  • Precio: 18,52 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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2 Comentarios

  1. Hola, Sergio: Para mí ha sido una de las mejores lecturas de este año. Me ha sorprendido muy gratamente.

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