‘Capitán América: Renacimiento’, crónica de un regreso anunciado

Capitan America. Renacimiento

El arranque de su nueva andadura pilló desprevenido a todo el mundo. Nadie esperaba, por mucho que su nombre arrastrara una probada solidez, que Ed Brubaker fuera a conseguir nada del otro mundo con un personaje que en los cuarenta años de historia que habían transcurrido desde que Namor lo rescatara de su hibernación había conocido pocos momentos de auténtico interés editorial o verdadera relevancia en la historia del noveno arte. Quizás debido a ese bajísimo nivel de expectativas o, más aún, a que lo que el guionista estadounidense se sacó de la manga fue un auténtico golpe de autoridad y genio, el quinto volumen de ‘Capitán América’ fue justamente abrazado por una inmensa cantidad de lectores como lo mejor que se había escrito jamás sobre el centinela de la libertad, una percepción que, iniciada en el primer número, sólo fue en aumento con la aparición del Soldado de Invierno y la asombrosa «muerte» de Steve Rogers tras los acontecimientos narrados en la ‘Civil War’.

Pero a estas alturas de la película nadie puede llevarse a engaño, y estaba claro que uno de los pilares fundamentales del Universo Marvel no podía desaparecer así como así. Y no me refiero únicamente a la figura del Capitán América, cuyo manto pasó a otro, como ya había hecho en DC a principios de los noventa tras la muerte de Superman, sino al nombre de Steve Rogers, un personaje cuya idiosincrasia única de «hombre fuera de su tiempo» era algo a lo que la La Casa de las Ideas no podía renunciar. Evidente era pues que, tras toda la polvareda que levantó el asesinato del Capi, se escondía una hábil artimaña por parte de Brubaker y Quesada. Una artimaña que comenzaba a desvelar con cuentagotas sus misterios en el número inmediatamente posterior al del «deceso» de Rogers y que, tras dos años y medio, encontraba su punto y final (¿o sería mejor decir punto y seguido?) en este ‘Capitán América: Renacimiento’.

Desafortunadamente, llegados a este punto, he de confesar que tras cuatro años de aventuras y después de la sorpresa inicial que fue no sólo el fallecimiento del héroe marvelita por excelencia sino el paso de su uniforme al renacido Bucky, mi interés por la cabecera se había visto reducido ostensiblemente; y aunque seguía leyéndola mes a mes, el relumbre inicial de la colección había dado inexorable paso a una inercia llamada a desembocar en el abandono de la misma. Así las cosas, alguien podría pensar que un evento como la vuelta de Steve Rogers debería haber servido para hacer «renacer» también las ganas de continuar con la serie, pero si algo también ha aprendido uno a lo largo de sus muchos años como lector de cómics (una lección aprendida, de nuevo, por lo inane del regreso de Kal-El) es que si algo brilla con tanta intensidad en tan corto espacio de tiempo es más que probable que no pueda durar.

Capitan America. Renacimiento interior

De hecho, y centrándonos ya en lo que ‘Capitán América: Renacimiento’ da de sí, resulta algo triste observar como el envite inicial de Brubaker y la fuerza que este impelía al personaje en las páginas dibujadas por Steve Epting dan paso a un notable desinterés por parte del guionista. Un desinterés que encuentra su traducción directa en formulaciones, giros y situaciones arquetípicas destinadas, no a sorprender, sino a ajustarse lo más posible al establishment de lo que el lector de a pie entiende como un hito argumental. No hay pues en estas páginas riesgo alguno que querer correr, y el regreso de Steve Rogers (argumentado de forma sospechosamente similar a la que Morrison utilizará poco tiempo después para traer a Bruce Wayne de vuelta tras las ‘Infinite Crisis’) discurre por senderos muy transitados por el tebeo de superhéroes, dejando el escritor estadounidense nulo espacio a los grises que habían caracterizado todo el tramo de arranque de la colección.

Una disquisición similar, aunque revestida de connotaciones aún más dolorosas, es la que puede hacerse cuando uno desvía su atención a las páginas dibujadas por Bryan Hitch. El británico, que ha demostrado por activa y por pasiva no ser uno de esos artistas capaces de sobrellevar con comodidad el ritmo de una serie mensual, hace aquí lo que puede para que los seis números que componen la colección no sufran los inevitables retrasos que, por ejemplo, tuvimos que soportar estoicos en ‘Ultimates’ o, más recientemente, en ‘America’s Got Powers’ o ‘Real Heroes’ (dos proyectos publicados bajo el sello Image que han servido, sobre todo el segundo, para devolvernos a la mejor versión del artista). Debido a esa notoria incapacidad, una que había provocado tan sólo un año antes que tuvierámos que contemplar sus muy irregulares páginas para la estancia de Mark Millar al frente de ‘Los cuatro fantásticos’, decir que hay más de Butch Guice que de Hitch en las 250 páginas de la historia es quedarse cortos.

Muestra clara es la página doble que tenéis algo más arriba, en la que la huella de Hitch es prácticamente inexistente. Una página que además, sirve para demostrar que, debido al frenético ritmo al que está sometida la industria del tebeo de superhéroes en Estados Unidos y al carácter fundamental de negocio que el noveno arte tiene al otro lado del charco, todo lo que a ella se refiere termina estando sometido a esas puñeteras fechas de entrega y, en última instancia, al antojo de los ejecutivos de turno, esos personajes en la sombra que sólo entienden de cifras de ventas y a los que la satisfacción última lector de a pie les importa bien poco. Sólo entendiendo el cómic yanqui de esta manera, pueden comprenderse lecturas que, prometiendo mucho (como la que hoy ha ocupado nuestro tiempo) terminen haciéndose fuertes en las notas más intensas del epíteto inane.

Capitán América: Renacimiento

  • Autores: Ed Brubaker, Bryan Hitch y Butch Guice
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 264 páginas
  • Precio: 22 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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