‘Blue Note. Los últimos días de la ley seca’, soberbio espejo

A poco que uno rasque en el título que Mathieu Mariolle y Mikaël Bourgouin eligen para esta obra conjunta que es ‘Blue Note. Los últimos días de la ley seca’, encontrará hasta cuatro posibles partículas de significado para la combinación de los dos términos anglosajones. Y todas ellas, hasta una que me venía a la cabeza mientras terminaba de leer tan soberbia y sólida historia, tienen que ver con el jazz: desde la discográfica fundada en 1939, hasta el club neoyorquino considerado uno de los mejores del mundo para escuchar dicho tipo de música pasando por la acepción más estricta en términos musicales —la «nota azul» o «nota del blues» es un fraseo musical típico del estilo— hasta llegar a que, no de forma casual, Blue Note fue el nombre elegido para el caballo ganador de la falsa carrera que cerraba la magistral ‘El golpe’, la celebrada cinta dirigida en 1973 por George Roy Hill y protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, ambientada en la misma época en la que tiene lugar un cómic en el que, si hay algo que resulta portentoso de principio a fin, es precisamente cómo Bourgouin logra capturar sobre la superficie de un papel impreso todas las sensaciones que uno normalmente asocia a la américa de la Gran Depresión y la Ley Seca.

Con la música de Scott Joplin y Marvin Hamlisch de fondo mientras escribo estas letras, es muy fácil completar en términos sonoros lo que ‘Blue Note’ llena en todos los demás sentidos con esta doble historia de un boxeador veterano y un guitarrista negro recién llegado a Nueva York a pocos días de terminar la ley seca, aquella que prohibía la venta de alcohol en Estados Unidos y que, desde 1919 a 1933, levantó imperios económicos al margen de la ley. Con tan atractivo telón de fondo —uno que ha dado, a lo largo de la historia del cine, grandes títulos como la citada ‘El golpe’ o, por supuesto, la magnífica ‘Los intocables de Elliot Ness’—, el drama que los autores franceses narran en los dos álbumes que originalmente conformaron ‘Blue Note’ en su publicación hace cosa de un lustro al otro lado de los Pirineos se centra, de manera diferente en cada uno de ellos, en uno de los dos citados actores: Jack Doyle, otrora un famoso púgil que regresa a la Gran Manzana bajo los cantos de sirena de recobrar las mieles del pasado y RJ, un inocente y crédulo joven virtuoso de la guitarra al que la ciudad que nunca duerme masticará, escupirá y pisoteará a su antojo.

Sin que ambos crucen ni una sola línea de diálogo, pero reservando espacio en nuestra interpretación de la narración para establecer no pocos paralelismos entre ellos, tragedia y poética se dan la mano de uno y otro lado para, con un elenco de secundarios portentosos —esa periodista atrapada en una enmarañada red, los dos mafiosos, el viejo que todo lo tiene y el joven que nada tiene que perder—, construir una superlativa historia que resuena con fuerza y que, impregnada de una profunda melaconlía y un sentido intenso de la futilidad, encuentra en las planchas de Bourgouin el medio perfecto y preciso para llegar a lector y noquearlo sin esfuerzo: la potente expresividad del trazo del artista, unida a un uso del color arrebatador, dan como resultado en su fusión algunas planchas de una belleza desgarradora y de tal calibre, que no resulta nada exagerado calificarlas como algunas de las mejores que hemos visto en un tebeo europeo en lo que llevamos de año. Una afirmación ésta que caber hacer extensible a la globalidad de ‘Blue Note’ y que, quién sabe, quizás lleve a este integral a formar parte de la selección que, en cinco meses, os ofreceremos, como siempre, de lo más granado de 2019.

Blue Note. Los últimos días de la ley seca

  • Autores: Mathieu Mariolle y Mikaël Bourgouin
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 148 páginas
  • Precio: 28,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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