‘Beowulf’, bestial

Beowulf

Astiberri se ha cubierto de gloria de cara al cierre de este 2013, y de su mano nos han llegado dos de las novedades más esperadas de un año que difícilmente podría haber tocado a su fin de forma más asombrosa. Y si para pasado mañana me reservo las apreciaciones sobre ‘Los surcos del azar’ de Paco Roca, hoy os traigo aquellas correspondientes a la espectacular aproximación que Santiago García y David Rubín han hecho sobre el legendario poema épico de ‘Beowulf’, considerado de forma unánime por los eruditos como uno de los más importantes de la historia de la literatura anglosajona.

Con la reciente referencia que supone la cinta firmada por Robert Zemeckis hace seis años (un filme que ya en el momento de su estreno lucía con descaro unos problemas que el tiempo no ha hecho más que agravar), dejemos claro que lo que el cineasta ponía en pie en su producción de animación por captura de movimiento no podría situarse más lejos de la posición que García y Rubín adoptan para esta espectacular narración gráfica. De hecho, y como ellos mismos han confesado, los brutales postulados sobre los que se construye este relato cargado de sangre se sitúan más cerca de lo que Nicholas Winding Refn planteaba en su singular ‘Valhalla Rising’ que aquello que plasmaba con acartonados resultados el responsable de ‘Regreso al futuro’.

De todas formas, flaco favor le estaríamos haciendo a lo que García y Rubín ponen en juego si continuáramos por la sendas de los juegos referenciales y nos olvidáramos, al menos momentáneamente, de atender a lo que importa de veras. Y eso no es otra cosa que la forma en la que, mientras te tiene agarrado por las gónadas, ‘Beowulf’ te sacude con violencia para provocar el despertar de tu yo más primario y salvaje, ese que tras la lectura tiene la adrenalina por las nubes y desearía tener un mandoble a mano y un horrible monstruo enfrente para descuartizarlo a placer.

Beowulf interior

Y cuidado, no se me vayan a confundir, nada más lejos de las intenciones de los autores que hacer apología de la violencia por que sí. Antes bien, todo lo que podemos llegar a ver en un volumen editado de forma exquisita por el sello bilbaíno (vamos, a lo que nos tienen acostumbrados, para qué llevarnos a engaño) es fruto, o al menos parece serlo, de un concienzudo esfuerzo de mano de ambos artistas de innovar sobre el saturadísimo tejido de la novela gráfica contemporánea. ¿Que si lo consiguen, decís? Vaya que si lo consiguen.

La arrolladora personalidad gráfica de Rubín es lo primero y lo último que entra por los ojos a la que el lector se sitúa delante de un volumen que pide a gritos ser devorado: desde su portada a esas metalingüísticas páginas finales (que parecen apuntar a que esta, su versión, no es más que un elemento transitorio en las adaptaciones que se han hecho y se harán sobre el texto original), lo que el artista ourensano acomete aquí es de tal calibre que, si bien no me atrevería a calificarlo como su mejor trabajo (más que nada porque ello supondría desmerecer en cierto modo el resto de una obra soberbia con hitos magistrales como ‘La tetería del oso malayo’ o ‘El héroe’) si que no me duele en prenda reconocer que hay aquí páginas y páginas de un nivel que roza lo magistral. Como decía, no es que sea una novedad en un artista que no ha conocido todavía un tebeo “regular” (de “malo” ya ni hablamos), pero por mucho que lleguemos advertidos por sus pasadas glorias, sorprenden, y cómo, tanto unas acojonantes splash-pages como incontables momentos en los que la narrativa del gallego deja anonadado. No puedo decir más, esto hay que leerlo para poder apercibirse del genio que aquí se derrocha.

Podría parecer que ante esa apisonadora que es Rubín, el trabajo de Santiago García queda relegado a un segundo plano. Podría, insisto, pero sería una percepción completamente errónea: el guión del responsable de esa fresquísima visión acerca del mundillo de los superhéroes que era ‘El vecino’ (un cómic que recomiendo encarecidamente a todos los amantes de las aventuras de tipos con mallas) trata con sumo respeto el material de partida sin verse en la necesidad de innovar con innecesarias adiciones sobre el tejido que el poema original dibuja. Y así, siguiendo casi al milímetro el patrón definido por aquello que se adapta, la labor de García dirige sus objetivos a contemporaneizar (y no hay aquí la necesidad de tener que traerlo a la época actual) un texto de hace más de diez siglos de forma que un medio tan relativamente joven como el cómic sea capaz de asumirlo sin resquebrajar su identidad.

Huelga decir que el guionista consigue de forma soberbia su objetivo y que, en perfecta conjunción y sincronía con lo que Rubín plasma en sus lápices (y sus tintas, y su asombroso tratamiento del color) convierten a esta personal apuesta que es ‘Beowulf’ en un triunfo que, sin dudarlo ni un sólo momento, se coloca por méritos propios en el podio de las tres mejores lecturas españolas del año. IMPRESCINDIBLE.

Beowulf

9SALVAJE
  • Autores: Santiago García y David Rubín
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 200
  • Precio: 25 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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2 Comentarios

  1. … tengo la impresión de que este comic se habia dibujado para un tamaño mas pequeño en un principio y al finla se publico un poco mas grande,… lo que hace que los dibujos tengan una definicion para la que no han sido diseñados,…

  2. Pues no me dio a mi la sensación que describes la verdad. Sí que es cierto que al principio choca porque todo lo que Astiberri le ha publicado a Rubín ha sido en formato reducido, pero también entiendo que la brutal épica que rezuman sus páginas necesitaban de este gran tamaño.

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