‘Batman R.I.P’, la grandeza de Morrison

Punto y a parte en lo que Grant Morrison había venido haciendo con el personaje desde que comenzara su andadura en el número 655 de la serie original, ‘Batman R.I.P’ da salida por fin al enfrentamiento final entre el Hombre Murciélago y el Guante Negro, un villano como no ha habido otro en la historia del personaje. Y es precisamente en él y en la que podría ser su verdadera identidad, donde vamos a centrar las miras iniciales de éste análisis de ‘R.I.P’.

Pocos guionistas saben escribir de la manera que lo hace Morrison a la hora de hacer descansar casi todo el peso de la lectura en las conclusiones que, tras arduas reflexiones, saque el lector. Aún menos los que son capaces de intentarlo en un cómic mainstream de superhéroes. Y contados con los dedos de una mano los que han logrado salir airosos de un trance tan complejo. Morrison, qué duda cabe, es uno de esos últimos. Plantando una semilla que va creciendo lentamente y que se va abonando de múltiples y distintas maneras, el escritor juguetea durante los veintiséis números que desembocan en el 681 con la identidad de ese personaje que se las está haciendo pasar putas a nuestro héroe, un personaje que es uno de los villanos más atípicamente descritos de cuántos se hayan paseado por un tebeo de superhéroes, apartándose Morrison de forma consciente del arquetipo de criminal al que se ve venir a la legua y del que se sabe todo antes de la revelación de su identidad. Dejando que el lector se atormente en la extracción de las pistas que va dejando diseminadas, hay que escarbar —y mucho— en los diálogos, las referencias escritas o visuales y en la evolución de la acción a lo largo de esos veintiséis números, para llegar a la conclusión de que el enemigo al que Batman se enfrenta no es ni más ni menos que el Diablo. Como lo estáis leyendo.

Y una de las claves fundamentales —no la única, ojo, que ya he dicho que habría muchísimo que escribir aquí— que sustenta tal afirmación es el hecho de que, al margen de que cualquier otra opción se vaya eliminando a si misma conforme avanzan los números —hasta se llega a sospechar de Alfred como la mano detrás de todo—, una vez leída la historia, uno no pare de preguntarse cuáles son las motivaciones que llevan a Guante Negro a querer «romper» a Batman. No hay motivos económicos, ni se pretende sacar provecho al quitar de en medio a Bruce Wayne —no se dice claro, pero las acciones del personaje así lo traslucen—; lo único que mueve al villano es eliminar a una fuerza del bien tan poderosa como Batman. Mucho habría aquí que seguir argumentando a este respecto, y mucho se podría aportar citando diálogos y páginas en concreto para sustentar el casi irrefutable hecho de que Guante Negro es Satanás y ha tomado forma humana para, al eliminar al Hombre Murciélago, hacer del Universo DC un lugar más lleno de vileza. El mal engendra al mal.

Dejando a un lado a Guante Negro, otro de los puntos fundamentales de esta primera fase en la etapa de Morrison es abordar de nuevo la deconstrucción de Batman pero desde ópticas muy diferentes a las que se contemplaron en la década de los 80. Para ello, como ya hemos apuntado anteriormente, Morrison echa mano de la hipercontinuidad, del Black Casebook —las citas a los números que lo componen siguen abundando en ‘R.I.P’— y de una compleja serie de conceptos que, sin orden de importancia, pasan, entre otros, por el análisis del antagonismo entre Batman y el Joker —con la búsqueda del primero de las fórmulas que le hagan entender las motivaciones del segundo—, la disección de la psique del héroe en la confrontación con sus demonios más recónditos y, en un plano menos susceptible de ser percibido a simple vista, el coqueteo con conceptos derivados de la religión —si el Guante Negro es el Diablo, Batman es una especie de salvador/redentor— y, como ya ha hecho otras veces, en ‘Animal Man’ o Flex Mentallo‘, la inclusión de un metalenguaje con el que analizar el noveno arte desde las entrañas que componen sus viñetas —todo el discurso del Joker acerca de que a Batman lo encierra en una caja es muy revelador, como también lo son las páginas que J.H.Williams dibujaba en el Club of Heroes—.

En lo que concierne a Batman —que ya toca que hablemos de él un poco—, hemos visto como el héroe ha pasado por una auténtica y Homérica Odisea —de hecho, si mal no recuerdo, hay un momento en el que un diálogo se refiere así a lo que está viviendo el personaje— en el que su determinación y aplomo se han visto minados desde dentro sin que pueda hacer nada para evitarlo. Y, de nuevo, hay que rebuscar en la reinterpretación de las claves clásicas para encontrar los mimbres de lo que Morrison hace con el personaje y de cómo, rizando el rizo de lo imposible, todo —bueno, casi todo— termina teniendo sentido.

Así, la dichosa frasecita «Zur En Arhh» cobra significado no sólo porque sea la que el Doctor Hurt/Guante Negro implantará en el subconsciente de Batman para desactivar al héroe cuando así lo quiera, sino porque resulta una derivación fonética —en inglés, claro— de lo último que el Bruce niño escucha por boca de su padre antes de que éste sea asesinado, «Zorro en Arkham», algo que vemos en la última página del 681 y que plantea el famoso ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Además, esa deconstrucción que el escocés lleva a cabo del héroe no hace sino reforzar la impresión de auténtica fuerza de la naturaleza determinada e imparable que es el Mejor Detective del Mundo, un hombre que se anticipa a todos sus enemigos y a todas las trampas que se le puedan tender y que, llegado el momento, es capaz de ganarle la partida al propio Diablo. 

Todo ello —y mucho más, creedme— es lo que podemos encontrar en los veintiséis —veintiocho si contamos los dos que dedica el escritor a describir la relación entre Alfred y Bruce— números a los que R.I.P pone punto y a parte. Un primer tramo de la estancia de Morrison al frente del Caballero Oscuro que habría reverberado mucho más si no fuera por la —por momentos— atroz labor de un Tony Daniel que, no cabe duda, siguió al pie de la letra las indicaciones del escocés en lo que respecta al planteamiento de las páginas, porque en lo que a narrativa secuencial se refiere, el artista carece del talento necesario para haber hecho que un cómic brillante en lo que a historia concierne, se hubiera convertido en un hito inolvidable del noveno arte.

Batman R.I.P

  • Autores: Grant Morrison, Tony Daniel et al.
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 312 páginas
  • Precio: 31,35 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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