‘Aventuras de un oficinista japonés’, grande, inmensa, colosal

Mira que, con la cantidad de años que llevo leyendo tebeos, la expresión prejuicios previos —que rigió, y de qué manera, los comienzos de mi etapa coleccionista— ha sido obliterada por completo, no ya de mi vocabulario, sino de la forma en la que nunca digo que no a nada que venga en formato aviñetado. Mira que me encandilan las propuestas arriesgadas que nadan a contracorriente y sirven, de algún modo, para expandir aún más las fronteras de un universo, el de los cómics, que tiempo ha se equiparó con la “Fantasía” de Michael Ende, ese mundo que, proveniente de la imaginación de los hombres, no tiene fronteras que lo limiten. Y mira que, dentro de esas proposiciones que se lo curran para ser diferentes, me subliman aquellas que provienen de artistas como Chris Ware, un autor que, en parte, habita en las viñetas de José Domingo y que no es más que una de las muchas referencias que podrían extraérsele a este volumen que hoy os traemos.

Contando pues con todo lo anterior, resulta cuanto menos paradójico que cuando Bang! ediciones publicó en 2011 ‘Aventuras de un oficinista japonés’, servidor lo dejó pasar. Es más, no sólo es que no quisiera hacerle el mínimo “caso” a la obra, es que cuando ésta se alzó al año siguiente con el Premio a la Mejor Obra Nacional en el Salón del Cómic de Barcelona, pasé “olímpicamente” de acercarme entonces a ella —aunque esto último sea más bien atribuible a la poca atención que suelo prestar a los premios en general—. Han tenido que transcurrir seis años y que Astiberri recupere el surrealista y genial trabajo de Domingo en una edición asombrosa, para que haya tenido que darme cuenta de mi tremebundo error.

Afortunadamente, poder corregirlo no sólo con la lectura sino con la redacción de este texto es algo que servirá a un doble propósito de penitencia y redención porque, seamos claros, ‘Aventuras de un oficinista japonés’ es un tebeo ASOMBROSO y, aunque a deshora, su lectura se ha colocado por derecho entre las mejores que he hecho en lo que llevamos de año y muy raro será si esta espectacular nueva edición no se coloca entre las elegidas cuando 2017 toque a su fin. Y ya que estamos, dediquemos unas primeras palabras, ya entrando en materia, a la edición de Astiberri: un álbum de 34x25cm con pastas en cartoné y título en reserva UV, papel de alto gramaje con acabado mate, dos prólogos —uno de David Rubín, otro del propio José Domingo—, un epílogo firmado por Miguel B.Núñez y una desternillante guía de lectura redactada por Gerardo Vilches que es conveniente hacer nada más se termina el álbum aunque sea para tener la excusa perfecta de revisar de nuevo unas planchas alucinantes.

Alucinantes e hipnóticas. Así son las cuatro viñetas por página que, sin diálogo alguno —no hay aquí ni una puñetera palabra— utiliza Domingo para seguir las imposibles aventuras de un oficinista nipón cualquiera que, un día cualquiera al salir de su trabajo, ve como su existencia comienza a ser vapuleada por los más variopintos encontronazos. Y cuando digo variopintos tened por seguro que me estoy quedando a leguas de acertar con un epíteto que abarque la ecléctica y sorprendente variedad con la que el artista español trufa unas páginas en las que hay cabida desde yakuzas matándose a tiros, hasta empleados de correos adoradores de Satán, pasando por dibujantes esclavizados en el averno, una colonia de fanáticos de Dios sabe qué secta adventista en las tripas de un gigantesco ente alienígena, afables hombres de las nieves y MIL y un detalles más —atención al que, creo, es un homenaje a ‘Superlópez’.

Plasmado todo ello desde un punto de vista omniscente que, dato curioso, no abandona la perspectiva militar —un tipo de perspectiva caballera que se denomina así por ser históricamente utilizada por el ejército para diseñar sus fortificaciones—, la lectura de ‘Aventuras de un oficinista japonés’ es una de esas que se disfrutan a todo trapo en una primera pasada y que desvelan sus muchísimos detalles cuando uno se aproxima a ella por segunda, tercera o cuarta vez. Sólo hay que atender a la página que tenéis algo más arriba para apercibirse de que Domingo llena sus viñetas de incontables bromas gráficas que, en conjunción a la guía de lectura que comentaba antes, son garantía segura de más de una futura revisión.

Y si os estáis preguntando algo así como “vale, gráficamente es magnífico pero, ¿cuenta algo?” Respuesta corta. NO. Respuesta larga. NO, pero da igual. Respuesta aún más larga. NO, pero da igual cuando uno transita por media hora de entretenimiento puro y duro, termina con una sonrisa de oreja a oreja y extrae de lo demencial de esta superlativa lectura una lección fundamental: que la vida nos reserva la mayor de las aventuras a la vuelta de la esquina. De acuerdo, no nos transformaremos en una suerte de Super Saiyan ni nuestro corazón será cagado por Lucifer, pero que nuestra existencia es una auténtica montaña rusa es algo que, desde el surrealismo y la exageración, queda expuesto de manera impresionante en una obra fundamental para entender el nivel al que raya el tebeo español hoy en día.

Aventuras de un oficinista japonés

  • Autores: José Domingo
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 128 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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