‘Astrid Bromuro. Cómo aniquilar al ratoncito Pérez’, una gozada

De entre todas las diferentes apuestas que Ricardo Esteban y sus chicos nos presentan al cabo del año, quizás la que se adentra con más valentía en territorio desconocido es la que acoge a todos esos títulos que, a lo largo de cada período de doce meses, Dibbuks dedica a los más peques de la casa. Arriesgada, no por la dudosa calidad del material —nada más lejos de la realidad— sino por que a saber cuántos de los lectores habituales de la casa madrileña tienen hijos y, de esos pocos, cuántos de ellos están tratando de inculcar en sus vástagos el gusto por la lectura y, de éstos menos aún, qué número será el de aquellos que encuentren en los tebeos su objeto de filia. Sin poder arrojar números concretos, creo que el riesgo —probablemente calculado, no lo sé— de la editorial a la hora de publicar volúmenes como este ‘Astrid Bromuro’ que hoy nos ocupa es digno del mayor de los aplausos por cuanto, y ya personalizo el discurso, yo soy de esos progenitores que ya están haciendo lo que pueden para que su pequeña de cinco años mire con cierto cariño a las páginas con viñetas.

Mientras se dilucida si lo conseguiré o no —todo parece apuntar a que sí, aunque quién sabe si eso lo afirma el optimista irredento que hay en mí— queden en estas líneas recogidos mis más sinceros agradecimientos a Dibbuks por permitir, no ya que la siguiente generación tenga títulos adaptados a sus curiosas y siempre inquietas mentes, sino por hacer que los adultos tengamos la opción de, sirviendo de filtro previo, disfrutar como auténticos enanos de un cómic desenfadado como pocos en los que, siguiendo con cauto interés las andanzas de la mimada niña protagonista —cauto por aquello de que en no pocas ocasiones nos podrá parecer estar viendo reflejadas en sus viñetas actitudes de nuestros hijos—, hemos de terminar rindiéndonos a la evidencia de que, sin ser de forma estricta un tebeo para pequeños, lo que ‘Astrid Bromuro’ es sin lugar a dudas es un cómic de clara vocación universal y una portentosa voluntad de entretener.

¿Se le puede pedir algo más a un álbum que cuenta los intentos de la protagonista de cazar al Ratoncito Pérez para encontrase envuelta en una oscura y surrealista trama publicitaria? Sí, que su dibujo esté tan bien cuidado como el que aquí nos ofrece Fabrice Parme, confluyendo en su estilo influencias en las que este lector quiere ver a Hank Ketcham o al insigne Al Hirschfeld, dos nombres que, por sí solos, hablan ya en Dolby Surround de lo que el afortunado que tenga a bien acercarse a ‘Astrid Bromuro. Cómo aniquilar al ratoncito Pérez’ podrá encontrar. Esperamos impacientes, cómo no, una segunda entrega en la que se desvelen más secretos del singular e hilarante microcosmos aquí construido. Hasta entonces, lean e inculquen la lectura. Por favor.

Astrid Bromuro. Cómo aniquilar al ratoncito Pérez

  • Autores: Fabrice Parme
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 40 páginas
  • Precio: 10,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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