‘Arturo. Una epopeya celta. Volumen I’, renovando la leyenda

Si no os importa —y si os importa, no voy a poder atender vuestra negativa— me vais a permitir romper una lanza en favor de algo que, aunque tiene mucho que ver con el tebeo que hoy nos disponemos a analizar, no guarda relación alguna con el medio narrativo del arte secuencial: injustamente denostada ya desde sus muy equivocados trailers —si hay algo que la Warner no ha sabido hacer con la cinta es venderla—, ‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’, que se estrena mañana viernes en nuestros cines, bien merece una oportunidad porque, no sólo es que tenga muy poco que ver con lo que se atisba en los avances, es que, al margen de ser un filme 100% Guy Ritchie —con todo lo bueno y “molón” que ello implica— es una refrescante reinvención del mito del rey y la espada que, mezclándolo con desbordada fantasía, consigue alzarse como una de las propuestas más válidas de este verano y, por extensión, de este 2017.

Similares cualidades podemos encontrar en el primer integral de ‘Arturo. Una epopeya celta’ que Yermo publicaba el pasado mes de abril y que, con mucho retraso por nuestra parte, viene al pelo como complemento de lo que en unos días exhibirán nuestras salas de cine. Porque, como decía, lo que aquí planteaban David Chauvel y Jérôme Lereculey hace casi veinte años —el primer álbum fue publicado al otro lado de los Pirineos en 1998— no se aleja en exceso de los postulados de Ritchie al pretender apartarse de la mirada común sobre el microcosmos de Arturo, Merlín, Ginebra, Lanzarote, Excalibur y demás elementos más que conocidos de la leyenda británica ofrecidos hasta ahora por las producciones más recordadas del séptimo arte —y ahí quien “corta el bacalao” es el ‘Excalibur’ de John Boorman—.

Para ello, como ya hiciera con limitada fortuna y equivocado foco ‘Rey Arturo’, la cinta de Antoine Fuqua de 2004, Chauvel se asoma a las raíces celtas en las que se hunden todas las versiones posteriores de la leyenda —incluyendo, cómo no, la de Sir Thomas Malory— y traza un relato apasionante que comienza presentándonos, no al progenitor de Arturo, sino a Myrddin, el que después se convertirá en uno de los magos más famosos de la literatura universal, el Merlín que entrenará al futuro rey de Inglaterra y le servirá de consejero en sus horas más oscuras. Invirtiendo la totalidad del primero de los tres álbumes aquí recopilados en trazar con extrema habilidad y espléndido ritmo la historia de tan singular personaje, sera Myrddin foco recurrente de la acción toda vez ésta pase a centrarse en las correrías iniciales de Arturo y en sus intentos de librar a su tierra de la amenaza de los sajones.

Con la magia como silente protagonista de fondo, el guión de Chauvel va presentando a una miriada de personajes y utilizando una considerable cantidad de escenarios que encuentran en los lápices de Lereculey portentoso reflejo. De hecho, si lo que nos cuenta ‘Arturo’ es de sobresaliente incuestionable, la forma en la que se narra la historia roza la maestría, no escatimando el artista gráfico esfuerzos en las caracterizaciones de los personajes, en detallar hasta lo indecible las viñetas con unos fondos soberbios y, ante todo, en hilvanar con claridad todo aquello que va aconteciendo. Rubricado el esfuerzo por el color de Jean-Luc Simon, es este primer integral de ‘Arturo’ lectura obligada y, de la misma manera que la cinta de Ritchie, una de las mejores propuestas aviñetadas de lo que llevamos de año.

Arturo. Una epopeya celta. Volumen I

  • Autores: David Chauvel & Jérôme Lereculey
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 152 páginas
  • Precio: 33,25 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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