‘Arthus Trivium 1. Los Ángeles de Nostradamus’, otro enorme descubrimiento

Podría estar hablando de la serie, pero no es así y no lo será hasta ver si todo el potencial que aquí se atisba continua por derroteros que lleven la misma a la alza. Podría estar haciéndolo de Raule, pero tachar de descubrimiento al guionista español a estas alturas, cuando ya ha demostrado en dos brillantes ocasiones la altura a la que raya, sería desmerecer, y mucho, lo que podemos encontrar en ‘Jazz Maynard’ y en ‘Isabellae’. Así las cosas, huelga decir que, si a alguien hace referencia el titular de la entrada, ese es Juan Luis Landa, un dibujante del que este redactor no sabía nada desde hacía años —tantos como las dos décadas que han transcurrido desde que leyera el primer volumen de ‘El ciclo de Irati’ editado por la difunta Glénat— y que explota con una fuerza sobrenatural en las apabullantes páginas que conforman el primer álbum de ‘Arthus Trivium’.

Pero antes de deshacernos en elogios acerca de las planchas que el “nuevo” artista español ha cuajado para esta nueva serie, asomemos nuestra mirada, primero, hacia aquello en torno a lo que gira y, simultáneamente, hacia el nivel de lo que Raule ha puesto en pie: situada en la Francia de mediados del s.XVI, ‘Arthus Trivium’ tiene como protagonistas principales a tres discípulos de una presencia que, por sí sola, ya valdría para servir de motivo de adquisición del álbum, la de Nostradamus. Personaje controvertido donde los haya, el médico y astrólogo que, según qué interpretaciones leamos, llegó a profetizar el surgimiento de la Alemania nazi de Hitler cinco siglos antes, es el centro alrededor del cuál orbitan la terna de aventureros que, por encargo de su mentor, van “desfaciendo entuertos”, que diría Cervantes, del más variopinto cariz.

Con el último de ellos tornándose en algo directamente relacionado con el pasado de Nostradamus, no queda más remedio que descubrirse, como lo hemos ido haciendo ante cada nueva entrega de ‘Isabellae’, ante el talento sin par que atesora Raule, un guionista que se muestra tan hábil escribiendo tramas en la Barcelona contemporánea como en el Japón feudal o en una Francia que comenzaba a dejar atrás el Renacimiento para entrar de lleno en el Barroco, un período éste que, en cierto modo, ejerce no poca influencia sobre el acabado visual del álbum: trasladándonos a aquella fecunda época en la que el viejo mundo aún era el centro neurálgico de nuestro orbe, Raule construye una ficción que se siente real, si bien no en su totalidad debido a ciertos elementos fantásticos de la narración si en una gran parte gracias, y ya llegamos a él, a la forma en la que Landa traduce las necesidades derivadas del guión en un ambientación tan cuidada que, como decía, se deja impregnar por la época en la que transcurre.

Ya desde la primera página, con ese enorme primer plano de Nostradamus visualizando una de sus profecías, tanto los tonos ocres y dorados del color como la propia figura del visionario personaje parecen extraídos de un cuadro de El Greco, un pintor que no dudaría en apuntar como el más determinante sobre el trabajo del dibujante a la hora de caracterizar a sus personajes. Éstos, que encuentran en el talentoso lápiz del artista español una muy atractiva variedad y una expresividad asombrosa, quedan no obstante superados por la forma en la que el natural de Errenteria ha sabido madurar su narrativa, el enfoque de las viñetas, la elección de los encuadres y el modo en que se conforman los diversos escenarios en los que discurre la acción. El todo resultante de la combinación de éstos factores es uno dispuesto a provocar expresiones atónitas en un lector que no tendrá más remedio que caer rendido ante el doble despliegue de talento que aquí se encontrará. Recomendable no, RECOMENDABILÍSIMA.

Arthus Trivium 1. Los Ángeles de Nostradamus

  • Autores: Raule & Juan Luis Landa
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 48 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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